Viernes, 04 de Abril 2025, 09:50h
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Larra identificó el mal entre nosotros hace ya casi dos siglos. Kafka, hace poco más de uno, lo elevó a la categoría de alegoría universal. Marx, desde el análisis más teórico, lo describió como una deriva inevitable: las instituciones tienden más a contentar a quienes forman parte de ellas que a aquellos a los que afirman servir. Si Larra atestiguó con humor amargo el «vuelva usted mañana», Kafka levantó acta de la ley que es una puerta cerrada o que persigue sin explicar por qué. Sea cual sea su expresión literaria, la indiferencia de la burocracia hacia las personas, esa forma de despotismo, atraviesa las épocas. Nuestra carta de la semana la describe con un vocablo breve: la pega. Y anota cómo la tecnología ha venido a agravarla. Hoy, Larra o el K. de Kafka se estrellarían, a solas, contra un formulario web.
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