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El bloc del cartero

Presos

Lorenzo Silva

Aportan nuestros lectores puntos de vista contrapuestos a propósito de un asunto peliagudo: el régimen de quienes viven privados de libertad. Llegan a prisión tras un proceso con derecho de defensa, presunción de inocencia y todas las garantías, y están ahí por acciones que merecen severo reproche. Y pese a ello no dejan de ser ciudadanos con derechos; entre otros, que la pena se oriente, además de a la reparación del daño causado, a su reinserción y no a la venganza. Cuesta aceptarlo, sobre todo con ciertos crímenes: entre ellos, los que cometieron quienes durante medio siglo quisieron aterrorizar a sus vecinos. Y, sin embargo, no cabe sino cumplir la ley. Quizá el error sea dar, una y otra vez, la fea impresión de que hay presos que siguen siendo cromos que se cambian por otras cosas.

Las cartas de los lectores

Presos excarcelados

He leído la carta de Enrique López de Turiso sobre un asunto que levanta ampollas y reabre heridas y sobre el que reflexiono desde otra ... perspectiva: no es correcto afirmar que los internos de ETA no disfrutan de un régimen penitenciario diferente al resto de los reclusos. El enunciado correcto debería ser que el resto de la población reclusa disfruta del mismo régimen que los internos etarras. El motivo esencial de la transferencia de Prisiones es algo muy simple; a saber, aliviar y excarcelar cuanto antes al susodicho colectivo y, por supuesto, para no incurrir en agravios comparativos, con el resto de los internos. Durante los años trágicos del terrorismo, reconozcámoslo, el Gobierno vasco no estaba interesado en asumir dicha transferencia; esperó a que las aguas se calmaran para exigir con vehemencia su traspaso. Hace unas semanas un grupo de internos extranjeros fueron trasladados desde las penitenciarías vascas a otros destinos para poder acoger a los etarras. La política penitenciaria con la llamada 'Justicia Restaurativa' como punta de lanza tienen como único objetivo vaciar las cárceles vascas de aquellos que utilizaron el crimen y la extorsión para alcanzar sus metas políticas; aquí paz y después gloria. Hablemos respetuosamente, pero de forma palmaria, afrontando sin reparos la realidad: los subterfugios no cuelan y tienen un efecto bumerán. El político debe ser veraz, sincero y franco.

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