EL BLOC DEL CARTERO
Machismos
Corren malos tiempos para ser mujer, especialmente en Afganistán. En realidad, nunca han dejado de correr, ni allí –donde las mejoras debidas a la intervención occidental fueron indiscutibles pero muy insuficientes– ni en esos otros lugares donde las leyes proclaman una igualdad que no acaba de llegar a los intersticios más recónditos de una sociedad que a menudo se ha construido a su costa y en su menoscabo. La protesta de las deportistas noruegas, habitantes de un país que se dice avanzado en la materia, lo dejan bien patente. Y, sin embargo, el regreso al poder de unos gobernantes que propician el borrado de las mujeres, y no solo de la vida pública, nos interpela acerca de las luchas que más acucian, y en las que no siempre se ha puesto el fervor, ni la atención, que sí se invierten en otras.
Cartas de los lectores
• De micromachismos y talibanes
En Occidente anda el sector del feminismo más exacerbado muy revuelto denunciando eso que llaman «micromachismos»: sutiles manifestaciones del dominio ... machista que se ocultan tras gestos en apariencia inocentes, como ceder el paso a una mujer, abrirle una puerta o facilitarle alguna maniobra que le pudiera resultar enojosa, etc. Detectar estas terribles acciones implica una ardua y extenuante labor que requiere toda la atención; y esto quizás explique la escasísima atención con que reaccionan frente a las gravísimas limitaciones que la religión y cultura islámica imponen a la mujer. Ahora que volverá a regir la sharía en Afganistán convendría recordar que allí a las mujeres se les prohibirá ir al colegio y estudiar, abandonar la casa y pasear sin que las acompañe un hombre de su familia, maquillarse y pintarse, incluso las uñas (castigado con la amputación de un dedo); lucir joyas, mostrar el rostro, ir sin burka, reír en público, trabajar (se supone que fuera de sus casas) y, por supuesto, cantar, bailar, pintar cuadros… Además, en caso de adulterio, serán lapidadas. Ricas aportaciones de la multiculturalidad talibán frente a los misóginos micromachismos occidentales.
Miguel Ángel Loma Pérez. Sevilla
• Deporte femenino y machismo
Llama la atención las diferencias de vestimenta entre mujeres y hombres en determinados deportes, en los que la mujer es obligada a llevar un escueto bikini mientras el varón puede vestirse con camiseta y pantalón corto. Muchas jugadoras vienen quejándose por una normativa que parece buscar un «buen espectáculo» a base de sexualizar las competiciones femeninas. Recientemente, el seleccionador galo de balonmano playa declaraba que algunas chicas decían sentirse «desnudas y observadas». En vísperas de los Juegos Olímpicos de Tokio, el equipo noruego de esa misma disciplina se rebeló contra la imposición del bikini, jugando con pantalón corto. La respuesta fue una multa y serias amenazas. No solamente es en el mundo del deporte. Otros ámbitos –como los de los espectáculos, la publicidad, etc.– siguen dominados por unos planteamientos masculinos que cosifican a la mujer. Mi apoyo, pues, a estas valientes deportistas que han plantado cara al machismo más cavernario.
Victoria Durán Rivacoba. Santander
• Las olvidadas de la pandemia
Lo que espero de mi primera ecografía no es estar sola; que mi pareja tenga que esperar fuera del Materno, sentado en el suelo; ni que me puedan atender hasta cinco profesionales en la misma consulta, pero que mi marido sea quien sobra. Un embarazo, pandemia mediante o no, es incertidumbre. Poder asistir acompañada a las ecografías no puede ser un privilegio de unas pocas que pagamos una cuota mensual para tener un seguro privado. Soy maestra y he atendido, también embarazada, a 26 personitas con dudosa capacidad de buen uso de la mascarilla. ¿Seguro que acudir acompañada a una ecografía pone en riesgo a alguien? La deshumanización de la sanidad es casi más peligrosa que la COVID en sí misma.
María Victoria Alés Portillo. Málaga
• Jugar
Al fútbol. Lo hace Messi. Dicen los que saben que bien, mejor dicho: muy bien. No me considero especialista, no valoro. Sí, como persona que soy, triste cuando acontecen hechos negativos, contento cuando las buenas son dichosas, me permito opinar sobre sentimientos. Uno no es de piedra. El llamado 'astro argentino' lloraba por dejar un club que le dio todo como deportista, desde su inicial etapa formativa. Y horas después, sonreía, como si no hubiese acontecido nada. Quizás por esa luz que transmite París, junto con el amor –la ville de l’amour– por el dinero de unos magnates árabes. Jugar sí que saben Messi y su entorno. Al fútbol dicen que Lionel lo hace de maravilla, pero con los sentimientos todavía parece que mucho mejor. Esperpéntico, diría un personaje del admirado Ramón María del Valle-Inclán. El fútbol era un deporte, pero, desde hace unos cuantos veranos, o años, parece otra cosa.
Miguel Cumbraos Álvarez. Sarria (Lugo)
• Un faro que no parpadee
Llama la atención en esta pandemia el miedo que muchos tienen a enfermar y morir. Parece como si un tupido velo les impidiera percibir nada más que esta existencia y una única forma de vivirla. Abandonada la fe en Dios –la energía, la consciencia universal o como quieran llamarla–, es sustituida por la ciencia y sus sacerdotes, los científicos. Muchos dejan de mirar dentro de sí y, aterrorizados, ya solo miran fuera. Así reemplazan lo certero e invariable por lo dudoso e inestable, porque el pensamiento científico humano avanza gracias a la duda permanente que consolida cada nuevo paradigma, y que deja de serlo en cuanto puede ser mejorado por otro. En una situación tan dura como la que vivimos, las respuestas bienintencionadas que ofrece la ciencia nunca podrán ser definitivas porque son humanas. Para perder el miedo necesitamos confiar en algo estable y seguro, como por ejemplo, en un faro interno que nunca parpadee.
Miguel Ángel Carretero Díaz. Correo electrónico
• Caligrafía, ortografía, grafología...
Recuerdo con mucho cariño que hace muchos años, en mi edad escolar, tuve un maestro que supo despertar mi interés en mejorar mi escritura. No solo lo logró conmigo, sino con toda la clase. Y lo hizo de forma muy sencilla, pero ingeniosa. Simplemente, nos explicó lo importante y bonito que resulta una escritura legible y cuidada. Y nos dijo que cada semana valoraría nuestra forma de escribir y nuestra letra. Cada lunes ponía en el encerado de forma visible el nombre del que, según su criterio, había conseguido esa distinción. Desde el primer momento me esforcé al máximo por tener una letra ordenada y cuidada. Aún recuerdo el orgullo que sentí el día que vi mi nombre en esa pizarra. Con el tiempo, y después de muchos años, comprendí que hábilmente este profesor hizo pasar los nombres de cada alumno por esa pizarra, para que todos estuviéramos implicados en ese proyecto. Y funcionó. En mi adolescencia, seguía procurando cuidar la caligrafía, y ya en mi actividad profesional amplié esa afición a la escritura, con lecturas y conocimientos de grafología y sobre todo de paleografía. He aprovechado mi relativa reciente jubilación para dedicarle más tiempo a la paleografía, de forma que llevo seis años asistiendo a cursos sobre esta ciencia, y esos conocimientos me permiten transcribir manuscritos antiguos. Acaba de llegar a mis oídos que la nueva ley de educación menosprecia a la ortografía. No doy crédito, vamos para atrás. Propongo para ministro de Educación a mi antiguo y motivador maestro.
Francisco Almendros Martínez. Almansa (Albacete)
• Música y palabra: necesidad y privilegio
Madeleine de Scudéry, personalidad extraordinaria-mente cultivada y autora de gran prestigio en el siglo XVII, fue una de las primeras escritoras europeas en ganarse la vida con sus obras aunque nunca las firmó: las tres primeras aparecieron bajo el nombre de su hermano Georges; el resto, de forma anónima. Presencia habitual en el primer salón literario parisino creado por Catherine de Vivonne, marquesa de Rambouillet, creó su propio salón en el que cada sábado recibía en su casa del Marais a algunos de los más destacados escritores de su tiempo para debatir asuntos políticos, literarios, artísticos, científicos, filosóficos y morales, desarrollando el arte de la conversación. Fue en ese modelo de pequeñas reuniones informales entre amigos y aficionados de la burguesía del siglo XIX, celebradas en casas de poetas, músicos o cantantes cuya finalidad era la diversión, en el que nació la llamada 'música de salón', en el marco de esa reacción que supuso el Romanticismo al laborioso y afanoso avance de la cultura europea hacia la Ilustración y el Racionalismo que comenzó en la literatura y la poesía y llegó a las otras artes. Allí, la palabra instruía, convencía, era el instrumento de la razón; pero la música, el sonido y el gesto eran el instrumento del corazón al que afectaban, ganaban y persuadían. Hoy, ambas nos llegan al alma sin desvíos porque, con frescura y espontaneidad, el amor, la felicidad, la pasión y el gusto por ambas son el símbolo de la alegría por la vida que tanto necesitamos.
María del Ser Guillén. Valladolid
Esa palabra que no existe
«En el hospital dejaron morir a mi padre», clama una mujer inundando las redes sociales de su dolor justificado y su denuncia a ese hospital y a sus profesionales. Dejaron morir a su padre, infectado de COVID-19 mientras que a ella, afectada por la misma enfermedad, le salvaron la vida en otro hospital. Solo le informaban por teléfono. Un día le dijeron que lo habían intubado y, al día siguiente, que había muerto. No hay nada más duro que perder a un familiar; sobre todo, si esa pérdida no es esperada. El minuto del telediario donde se puede ver esa antes desconocida y hoy tan familiar unidad de cuidados intensivos no es capaz de mostrar el sufrimiento detrás de cada EPI por cada muerte que se suma a las de esta mañana, a las de ayer, a las del mes pasado, a las del año pasado… No existe la palabra que nomina al que se le acaba de morir un paciente después de uno, quince o seis meses de lucha, tal vez por eso nadie lo entiende. Cada muerte pesa más encima de ese mono lleno de sudor y miedo de cada profesional. Duele recoger y limpiar ese box, esa cama, retirar las imágenes de las Vírgenes, Cristos, santos y fotos familiares pegadas con esparadrapo. Duele volver a ocupar esa cama con otra persona con la que se encariñarán tal vez para verla morir. Son tan pocos los sanitarios que seguramente el que 'mata' en un hospital por la mañana, 'salva' en otro por la tarde… Me duele más porque fui yo quien intubó a ese padre. Fui yo quien llamó, antes de terminar mi guardia en ese hospital y empezar la siguiente en otro, para avisarles que no podía hacer nada más por él. Que no llegaría a mañana.
Leonardo Miño Vásquez. Carmona (Sevilla)
Por qué la he premiado… Porque hacía falta esa mirada, desde debajo del EPI, para acabar de entender el dolor.