EL BLOC DEL CARTERO
Pobrezas
¿Es exagerado, malévolo y tremendista el reciente informe del relator de la ONU sobre la pobreza en España? Opiniones hay para todos los gustos, ... y cierto es que pobreza y desigualdad, de un modo u otro, hay en todas partes y casi a cualquier país, con un poco de empeño, se le podrían sacar los colores. Afirma un lector que el informe pone al descubierto una de nuestras vergüenzas, no solo por la pobreza o –mejor dicho– las pobrezas que desvela, sino porque las considera evitables y por ello califica su mantenimiento de opción política. También esto suscitará alguna controversia. Lo que admite poca discusión es lo que denuncia nuestra carta de la semana: se está condenando a miles de jóvenes ilusionados y preparados a una vida precaria sin fecha de caducidad. Y las ilusiones, así, se van extinguiendo.
LA CARTA DE LA SEMANA
El mundo laboral no es idílico, y para un joven, menos. Al terminar la carrera, estás perdido. Pocas empresas te ofrecen empezar a aprender. ¿Cómo vas a poner en práctica así lo estudiado? A veces hay suerte y empiezas de becaria. Esos meses te brindan aprendizajes rápidos, derecho a equivocarte e incluso a descubrir que lo que estudiaste no es lo tuyo. ¿Pero y cuando se te acaba esa beca? O unes una con otra y así te pueden dar los 26 o logras un trabajo, con suerte de duración determinada, por una baja o una excedencia, y como eres joven, no te pagan como al resto, aunque hagas lo mismo. Tú vives con tus padres, no tienes gastos: con 800 euros vas que chutas. ¿Acaso sabe usted si tengo unos gastos fijos? ¿Si aporto dinero en mi hogar familiar? No, pero como soy joven… Puedes seguir formándote, pero desconozco a qué edad dejan de aprovecharse de ti. ¿Cuándo eres digna de un salario decente para independizarte antes de los 40? Siento frustración y mucha pena, porque deseo trabajar y avanzar, y como yo hay Marías, Enekos, Leires... Es hora de que todo cambie. Si no, la ilusión se rompe, y sin ilusión no hay ganas de nada.
Olatz A. (Correo electrónico)
Por qué la he premiado… Por alertar sobre uno de nuestros mayores males, para quienes aún no se hayan enterado.
El ojo verde
Eu son galego. Sí, podría ser de cualquier otro lugar del mundo, pero es aquí donde nací y crecí, con un ojo azul en el mar y el otro verde en la tierra. Disfruté en mi infancia de los bosques galaicos donde encontré ardillas juguetonas, pájaros carpinteros, árboles con formas que asaltaban la imaginación y piedras extrañamente erguidas en los lugares más recónditos. Era un lugar salvaje, misterioso, lleno de vida, de la magia de las meigas, duro pero hermoso. Ahora paseo por esos mismos lugares donde hace dos años que no me encuentro una ardilla ni oigo un pájaro carpintero, donde hace diez que el sonido más recurrente es el de las motosierras arrasando los bosques, donde todos los árboles tienen la misma forma y los bosques son plantaciones uniformes como el uniforme de un colegio añejo y descolorido. Gobiernos, ciudadanos… ya nadie recuerda y todo desaparece, hasta el posible patrimonio histórico perdido bajo las máquinas que todo lo trituran. De niño creí en Carl Sagan, en su esperanza en ese pequeño punto azul, en la de mi ojo verde que lucha por no llegar a gris.
J. David Collazo Dubra. Golmar, Laracha (A Coruña)
La pobreza en España
Las conclusiones de la reciente visita a nuestro país del relator de la ONU sobre extrema pobreza y derechos humanos –¿será un peligroso antisistema infiltrado?– han sido desgarradoras, al desvelar que el neoliberalismo en España machacó el sistema de protección y dejó un Estado social enfermo. Concluye que son necesarios más impuestos y mayor redistribución de la riqueza; que la escasez de pisos sociales convierte el acceso a la vivienda –a pesar de ser un derecho constitucional– en un infierno; que la burocracia para pedir ayudas «es decimonónica»; que casi el 30 por ciento de nuestros niños está en riesgo de pobreza y la exclusión marcará sus vidas; que más de la mitad de la población tiene dificultades para llegar a fin de mes y «se siente abandonada»; y carga contra los políticos acusándolos de haber beneficiado a las clases más altas y de «fallar» a quienes más lo necesitaban. Y, por si hay dudas, aclara que erradicar esta miseria es una opción política. Hay que revertir tanta indignidad.
Miguel Fernández-Palacios Gordon (Madrid)
Vetos en Zaldibar
Zaldibar está sufriendo una catástrofe desde hace muchos días; dos personas perecieron y han quedado sepultadas por toneladas de escombros; resulta muy difícil ponerse en la piel de los familiares y amigos de los dos trabajadores que a lo único que aspiran es a recuperar cuanto antes sus cuerpos para darles sepultura y despedirse de ellos. ¿Es mucho pedir? Se ofreció la Unidad Militar de Emergencias (UME) para ayudar a su rescate y colaborar en todo lo que fuese necesario poniéndose a las órdenes del Gobierno vasco. La profesionalidad, dedicación y eficiencia de la UME está fuera de toda duda, se ve reconocida y aplaudida por todos y es una referencia internacional para la creación de unidades similares. Sus integrantes se mueven para servir y proteger a la sociedad indepen-dientemente de su situación en la Rosa de los Vientos. El ejecutivo de Vitoria rehusó dicha ayuda aduciendo que no era recomendable que participase más gente en el operativo; no es preciso ser un Sherlock Holmes para saber a ciencia cierta los motivos reales de rechazar la ayuda de dicha unidad del Ejército de Tierra que está muy preparada, para casos específicos, y lo acontecido en Zaldibar entra de lleno en su especialización. No es de recibo que el Ejecutivo de Vitoria anteponga la ideología para evitar que la población sea ayudada por los militares; los jeltzales y burukides no quieren ver esos uniformes ayudando al ciudadano de a pie que está sufriendo. Vetos, prejuicios, y exclusiones incomprensibles. Quien padece una desgracia lo que quiere es ayuda, rapidez y resultados, no se fija en banderas. Una política real de progreso es aquella que se vuelca para atender las necesidades de la sociedad, y ser progresista es poner todos los medios, sin excepción, para solucionar problemas. Rectificar es de sabios.
Francisco Javier Sáenz Martínez, Lasarte-Oria (Guipúzcoa)