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El bloc del cartero

Prepotencias

Lorenzo Silva

Recurre nuestra carta de la semana a un inspirado símil taurino para dar cuenta de los riesgos que corren y hacen correr quienes aspiran a convertir el ejercicio de su libertad individual, a priori legítimo, en criterio supremo al que se ha de someter el conjunto de la comunidad, so pena de ser degradada a la condición de rebaño que trata al disidente como chivo expiatorio. Como ilustra ese símil, las sociedades no pueden condicionar sus consensos ni sus reglas a lo que consideren oportuno los más temerarios o refractarios de sus miembros. En la gestión de los asuntos comunes hay que tomar decisiones y estas acarrean consecuencias. Cabe exigir que se decida en función de la experiencia y de la razón. Reclamar que el criterio, la experiencia y la razón de uno fijen la pauta excede la libertad para tornarse prepotencia.

Cartas de los lectores

Crisis de valores

La mañana del 7 de enero comí en un bar junto al mar, separado de la playa por una escalera de unos veinte escalones. En ... la mesa de al lado, una familia: dos parejas jóvenes, una mujer mayor y dos niños, de unos cuatro o cinco años, cargados de juguetes nuevos de gran tamaño. Mientras los adultos comen, los niños pasean y juegan entre las mesas y a veces bajan a la playa. De pronto, se acerca la niña corriendo hacia la mesa de sus padres gritando: «¡Miren lo que trae Pepe!». Detrás de ella, porque al ser algo menor corre menos, Pepe aparece agitado y muy feliz llevando en su mano algo que no puedo distinguir. Puede ser una concha, una piedra o un cangrejo muerto y lo enseña con orgullo a todos los comensales. Sin embargo, ellos exclaman al unísono: «¿Y los juguetes?». Habían quedado abandonados en la playa, a unos cien metros de la mesa donde comían. Inmediatamente dos comensales se levantaron de la mesa y salieron a gran velocidad a buscar los juguetes nuevos. Ni ellos ni yo sabremos nunca qué traían de la arena, orgullosos, los niños porque todos hemos cambiado los valores y cada vez vale más lo que de verdad importa menos. Recuerdo con cariño cuando alguna vez mis hijos, aún lactantes, disfrutaban más jugando con las cajas vacías, plásticos y papeles de regalo rotos que con sus juguetes nuevos.

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