EL BLOC DEL CARTERO
Pueblerinos
Nos llama la atención la carta de la semana, en especial a los que nos hemos criado y vivimos en una ciudad, sobre esa división ... que aplicamos de manera espontánea entre las personas que proceden del medio rural y los habitantes de la urbe, que se permiten convertir su realidad en la medida de todas las cosas y tienden a mirar por encima del hombro a quien tiene más cerca el campo y la tierra. Nunca fue una buena referencia para dirimir el conocimiento sobre la vida el vínculo con la moda o la actualidad, de las que en las ciudades se vive más al tanto. Pero en este siglo de conexiones insospechadas, perplejidades diversas y desorientación frecuente resulta todavía más arbitrario vivir convencido de que en el asfalto está la ciencia y en la era, la ignorancia. Para sostener el invento, nos necesitamos todos.
LA CARTA DE LA SEMANA
Uno de los grandes problemas de España hoy es la división de sus habitantes, acrecentada por la pandemia, ya que el individualismo basado en el lema «doy porque recibo» es más que visible. Sin embargo, una de estas divisiones, que suele pasar desapercibida pese a estar muy arraigada, es la ruptura entre el pueblo y la ciudad. Más en concreto, entre las personas de pueblo y las de ciudad que, contra todo pronóstico, no son como las muestran las comedias: tan listo o tonto puede ser alguien de ciudad como de pueblo. Seguramente haya diferencias respecto al nivel educativo medio de ambas poblaciones. Muchas personas no han recibido educación porque no han contado con los medios para ello; sin otra opción, debieron permanecer en el hogar durante su edad escolar para cuidar de su familia. Asimismo, yo misma he visto cómo personas que no han podido formarse en su infancia se esfuerzan de adultos por suplir sus lagunas. Teniendo esto en cuenta, ¿es inteligente caricaturizar a las personas de la España rural? Piensa en todos los productos que tienes en la despensa, ¿crees que llegan a las fábricas por arte de magia? Estoy segura de que la España 'inteligente' no podría sobrevivir sin la España 'tonta'. Sin embargo, curiosamente, se creen superiores.
Lara Alonso. Alicante
Por qué la he premiado…Porque rara vez sabe más el que menos ve, y menos el que mira por encima del hombro.
Las dos lo hubieran merecido
En la antigua cocina de la casa familiar, asisto a un interesante y pacífico debate entre mi madre –91 años– y mi hija de 29. Mi madre, con la cara surcada de arrugas apoyada en la palma de la mano, como las personas a las que ya les pesa la existencia, asevera que el orden elegido para la vacunación no es el idóneo. Ella, que tanto sabe de sacrificio, de vida y de muerte (perdió dos niñas), piensa que este virus le robó con sus mascarillas el poder intuir las palabras que su sordera ya le negaba. Piensa que los ancianos ya han cumplido su ciclo vital y no le importaría una última renuncia. Cree que se debió vacunar primero a los jóvenes, a los queda toda una vida por descubrir y disfrutar. Mi hija, en cambio, piensa desde su educación progresista y la bondad de sus sentimientos que los ancianos todo nos lo dieron y ahora, en justicia, todo les debemos. Aduce que la humanidad sin principios ni valores sería una jauría. Desde la devoción que se profesan y, poniéndose la una en el lugar de la otra, callan y cierran el debate con una mirada tierna mientras se agarran las manos. Y yo, que hace tiempo olvidé dónde guardé mi pasión por debatir e intentar convencer, pienso que las dos hubieran merecido ser las primeras en recibir la vacuna.
Nacho Barranco Sos. Zaragoza
La tienda del barrio
Vengo observando desde hace tiempo que muchos clientes de los ultramarinos de toda la vida saldan sus deudas del mes durante los primeros días del mes siguiente, cosa que me recuerda mi niñez. Y es que en tiempos de crisis no todos pueden darse el lujo de pagar al comprar. La imagen del tendero de barrio apuntando lo que el cliente de confianza va llevándose cada día y sumando el total cuando viene con dinero fresco a pagar lo que debe es hoy habitual. Gracias a este digno proceder mucha gente con dificultades económicas puede comer a diario. Por eso elogio desde aquí a estos pequeños empresarios, tan denostados a veces, por la gran labor que hacen por sus vecinos aun sabiendo que ellos, cuando sus problemas se medio arreglan, no tienen ningún reparo en ponerles los cuernos con el súper por encontrar allí los productos un poco más baratos.
Mario Suárez. Pilas (Sevilla)