El bloc del cartero
Putin
Mencionan dos de nuestros lectores esta semana la célebre canción Imagine, de John Lennon. Como sobre todo siempre hay al menos dos visiones, uno la invoca como apoyo de su discurso y el otro la considera inútil en esta encrucijada. Y se pregunta quien los lee y aquí publica qué sentirá ante los versos de Lennon el individuo de cuya determinación –de esto cabe poca duda, visto el apocamiento con que asisten a sus monólogos sus subordinados– se alimenta esta nueva guerra que es todas las guerras, esa guerra que «no acaba mai», 'nunca termina', en palabras del poeta Joan Margarit. Cabe suponer que, al oír Imagine, el antiguo segundón del KGB elevado por la suma torpeza de Yeltsin a remedo de zar sonríe con desprecio. Es una razón para no esperar que la música nos salve, pero también para hacerla sonar.
Cartas de los lectores
Defensa
La defensa es un deber; la agresión, un acto de locura. El ser humano defiende su vida, a su familia, su propiedad, etcétera. Los defiende ... con uñas y dientes, sin pararse a reparar en gastos o en lo que fuera menester. Somos testigos de lo que está sucediendo en Ucrania y es una razón más que evidente para convencernos de que es necesaria, más que nunca, una cultura de defensa. De que debemos ser conscientes de que la guerra no se circunscribe a países lejanos e incluso ignotos para una gran parte de la sociedad, sino que puede presentarse ante nuestras puertas. Los Presupuestos Generales del Estado deben aumentar la partida destinada a nuestra defensa; qué mejor inversión: profesionales bien preparados, pertrechados y remunerados son el puntal y el armazón tras los que protegernos. No vivimos en un resort o en un balneario, inmunes a todo. Véase la COVID-19, contra la que sí nos hemos defendido gastando ingentes cantidades de dinero para enfrentarnos a sus despiadados ataques por todos los flancos. Las naciones y culturas no se defienden únicamente cantando Imagine mientras abrazamos ositos de peluche. Seamos realistas y pisemos tierra recordando el famoso aforismo «si quieres la paz, prepárate para la guerra». Resulta muy sencillo de entender: actuar al igual que un defensa central respecto a su área y portería. Más claro, H2O.
Francisco Javier Sáenz Martínez. Lasarte-Oria
Los mismos subterfugios
El mismo cinismo: «Nuestros misiles son de alta precisión y solo matan a los malos». Los mismos subterfugios: «No cumplen los acuerdos», «matan y persiguen a nuestra gente». Los mismos paganos: el pueblo que sufre las bombas o las consecuencias de las sanciones. Y siempre las mismas causas: los enfrentamientos tribales y la torpeza en el trazado de las fronteras y en la constitución de los estados a lo largo de la historia. Los clanes o tribus de la Prehistoria ahora se llaman 'pueblos', 'estados', 'naciones'. Solo que, en vez de flechas, ahora hay armas atómicas. Seguiremos imaginando con Lennon que no hay países... nada por lo que matar o morir...
José Miguel Grandal López. Los Alcázares (Murcia)
Conteniendo el aliento
Es enigmático. Parece mediocre, acomplejado, sin escrúpulos, le cuesta sonreír, camina y habla inseguro, no tiene corazón y, si lo tuviera, sería de acero. Este es el personaje que, en estos momentos, tiene a más de 7870 millones de personas conteniendo el aliento. ¿Para qué celebrar el progreso de la humanidad, tanto en las ideas como en el campo científico o tecnológico, si, de pronto, un solo individuo enloquecido y amoral es capaz de poner de rodillas al mundo entero? ¿Para qué nos sirven dichos avances si luego permitimos que un grupo de iluminados esté gobernando parte del mundo a su capricho y con el poder de apretar un botón y destruir a la humanidad? Mientras sigamos manteniendo con nuestros votos –o sin ellos– a sátrapas y tiranos en el poder, podemos decir que el Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de Étienne de La Boétie, sigue estando de máxima actualidad.
Pedro Serrano. Antoñán del Valle (León)
Amigos
Paradojas de la vida: ahora, que me queda poco, es cuando más tiempo tengo. Antes de que mi memoria me juegue malas pasadas, he recordado a mis amigos. Mi primera amiga se llamaba Inocencia y duró poco, pues llegó Picardía y la echó. Después llegaron Juventud y Madurez. Con la primera pasé buenos ratos. Con la segunda fue de otro modo: llegó acompañada de Esfuerzo y Tesón. Gracias a ellos, eso sí, conseguí mis metas. Pero un día, como una gran explosión, entró mi amigo el Amor. Me duró muchos años, pero, como todo lo finito, un día se marchó, no por completo, pues todo lo con él vivido sigue en mis pensamientos. Su ausencia trajo consigo a Dolor y Soledad. A esta apenas la conocía: pasó solo por instantes tan leves que llegué a pensar que no existía. Pero la más dañina fue mi amiga Decepción, que sí me causó gran dolor. Aunque me dije: ¡adelante! Y ¿sabéis quiénes me ayudaron más? Mis buenas amigas Alegría e Ilusión. Si aceptáis un buen consejo: la próxima vez que vayáis al médico, pedid Píldoras de Ilusión. Tomadlas sin reservas, no tienen contraindicación, y cuantas más, mejor. Pronto notaréis sus efectos. Y seguid caminando, sin prisa. En el Maratón de la vida, todos alcanzaremos la meta.
Ana María Becerra Delgado. Cáceres
Por qué la he premiado… Porque es en los tiempos recios cuando más necesitamos recordar lo que nos sostiene.