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Mi hermosa lavandería

Caballos locos y vacas azules

Isabel Coixet

Es un pueblo pequeño, no más de trescientos habitantes, sin más monumentos que el inevitable a los caídos en las dos guerras mundiales. No hay restaurantes ni bares, ni panaderías, sólo una tienda de comestibles que cierra los lunes. Un lunes por la tarde de verano no hay ni un alma en la calle. Confieso que nunca había oído ese nombre hasta hace un par de años, cuando me perdí y crucé Salsigne buscando otro pueblo que resultó estar en un desvío que, para variar, me había pasado. Tras él, a pocos kilómetros se alzan los imponentes castillos cátaros en ruinas: Orbiel sur Ciel, un poco más al este, la zona vinícola de Corbières, a quince kilómetros Carcassonne y su cité medieval, que de medieval tiene ya poco.

Una de las cosas que me hicieron querer saber cosas de Salsigne fue una extraña edificación abandonada a la salida del pueblo que recordaba a ... un decorado abandonado de La leyenda de la ciudad sin nombre. Y era, en efecto, una mina de oro abandonada, que cerró en 2004, que fue la mina de oro más importante de Europa Occidental y que llegó a emplear a más de cuatro mil mineros, muchos de ellos españoles. Durante mucho tiempo la explotación de la mina trajo prosperidad a la comarca, pero el método de extraer oro también implicaba la extracción de arsénico a razón de siete a ocho gramos de oro por tonelada de roca; es decir un kilo de oro generaba seis toneladas de arsénico.

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