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Mi hermosa lavandería

Carreteras estrechas

Isabel Coixet

Paso los veranos en un lugar de calles y carreteras estrechas. Dos coches a la vez no pueden pasar delante de mi casa, hay que esperar, recular, maniobrar y tener mucha paciencia. No es que la callecita que conduce al final del pueblo esté muy transitada, pero en las fechas cumbres del verano —31 de julio, 15 de agosto, 1 de septiembre— se oyen desde algún claxon aislado hasta el sonido inconfundible de la carrocería de un coche dejándose la pintura en las paredes, seguido de la palabra 'mierda' en alemán, flamenco o inglés.

También las personas deberíamos venir con estos pitidos de serie y que nos sonara uno en la cabeza para dar marcha atrás al acercarnos peligrosamente a alguien chungo

Yo reconozco que no sé maniobrar: aprendí a conducir en Los Ángeles, y como allí no tienen problemas de amplitud o de aparcamiento, directamente no ... te enseñan a hacerlo. Menos mal que los coches ahora van provistos de cámaras por todos lados y pitidos inflexibles que te indican por dónde tienes que ir y cuándo te vas a dar la castaña. Pienso que las personas también deberíamos venir con estos pitidos de serie: cuando te acercas peligrosamente a algo o alguien chungo, no estaría de más que nos sonara en la cabeza uno de esos pitidos para dar marcha atrás y no volver a cruzártelo en la vida.

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