Volver

Mi hermosa lavandería

Dejadme en paz, pero hacedme caso

Isabel Coixet

A menudo nos invaden sentimientos contradictorios: queremos que nos quieran y nos agobiamos cuando lo hacen. Nos da palo la soledad, pero nos asfixia la compañía. Deseamos ser famosos, pero no nos gustan las servidumbres de la fama ni el precio que se paga por ella. El caso más flagrante sucede en las personas famosas por ser famosas, como les ocurre a las integrantes del clan Kardashian.

Durante diez años, este grupo de mujeres cuyos talentos residen en su férrea selección de cirujanos plásticos y en su inagotable capacidad de crear dramas ... donde sólo hay banalidad («Se me ha roto una uña», «el florista llega tarde», «perdí un anillo de tropecientos quilates en la playa») ha reinado en la telerrealidad creando precedentes y spin-off de todo tipo. Que este matriarcado de pijas armeniocalifornianas sin formación académica ni talentos destacables haya conseguido hacerse con fortunas incalculables a base de mostrar sus rostros y cuerpos cambiantes y exhibir las deslumbrantes fiestas de cumpleaños de sus hijos, sus vestidores de fábula y su nulo criterio a la hora de buscar pareja dice más del público que las ha aupado que de ellas mismas.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Dejadme en paz, pero hacedme caso

[]

Dejadme en paz, pero hacedme caso