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Mi hermosa lavandería

Del otro lado, la playa

Isabel Coixet

Abril, el mes más cruel, genera lilas en la tierra muerta…». Este inicio del poema de T. S. Eliot me ha intrigado siempre: nací en abril y, no sé si por autosugestión o profecía autocumplida, no es un mes que me guste especialmente. A ese momento ingrato de repaso de vida que supone un cumpleaños se añade la conjunción astral, que normalmente es chunga, según los que creen en estas cosas, y las astenias y alergias primaverales, que afectan cada vez a más gente (y no sólo a los que cumplimos años).

El poema de Eliot parece referirse a las falsas promesas de renovación que nos da la primavera. Justo cuando creemos que todo va a florecer, ... una tormenta o un granizo intempestivo viene a arruinar la cosa para recordarnos que nunca debemos prometérnoslas demasiado felices. O igual quiere decir otra cosa, con los poemas nunca se puede estar segura; esa es parte de su magia y la razón por la que los límites entre lo sublime y lo ridículo en ellos, a veces, son difíciles de discernir. Creo que uno de los poemas más bonitos que recuerdo no es un poema, sino una instalación de Agnès Varda: El tríptico de Noirmoutier, que se inauguró con motivo de la apertura de la Fundación Cartier en París.

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