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Mi hermosa lavandería

Las olas y el desaliento

Isabel Coixet

Recuerdo empezar a leer Las olas, de Virginia Woolf, y estar muchas veces a punto de dejarlo. Para el lector no preparado, como yo lo era a los 15 años, las primeras cincuenta páginas pueden resultar tan desconcertantes como un código desconocido. Pero, una vez descifrado el código, todo el experimento tiene una simplicidad brillante.

A la conciencia aguda de todas las víctimas que ahora mismo están muriendo, sufriendo y pasando hambre no tan lejos de donde me hallo se une mi estupefacción ante la desvergüenza de los poderosos

Imagina una biografía tuya y de tus cinco mejores amigos. Desde la primera infancia hasta la muerte. Contado no como una retahíla de hitos sociales, ... de logros y fracasos, de aprendizaje o aventuras. Contado como una transposición lingüística del flujo y reflujo, como si Virginia Woolf, a modo de bióloga de almas, fuera capaz de contar la creación, y el ritmo de las olas fuera nuestra vida interior. Esos momentos secretos y tácitos que solo nosotros conocemos cuando nos sentimos más aislados o conectados, más transfigurados, perdidos o incluso como si fuéramos desconocidos para nosotros mismos. La narrativa es un continuo fluido en el que los seis se fusionan y separan continuamente en una comunión y un divorcio de sentimientos.

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