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Mi hermosa lavandería

Pan, iris y CBD

Isabel Coixet

Isabel Coixet

Acabo de salir de una panadería con un croissant cuadrado, no las tengo todas conmigo. No entré en ella con la intención de comprarlo, pero ahí estaba, entre lemon pies resplandecientes y tartaletas finas de manzana, éclairs de pistacho y otras cosas igualmente espectaculares: cuadrado, dorado, brillante, tenía mi nombre escrito en su reluciente corteza. A mí la vida me ha llamado a probar cosas nuevas todo el rato, lo cual es a partes casi iguales una bendición que una maldición. Las harinas, en cualquiera de sus formas, me encantan.

Que sí, que ya sé que el gluten es malo para todo, igual que sé que el azúcar te envenena y las grasas te atoran ... las arterias, pero eso que se lo digan a todas las personas que están abriendo panaderías de lujo por todas partes. Merendar en estos lugares rodeados de toda clase de bollería fina es un placer al alcance de todos y supongo que ahí radica la invasión de panaderías de todo tipo que invaden nuestras ciudades y pueblos, cada una con sus especialidades: he llegado a ver hasta croissants rellenos de calçots y tiendas especializadas únicamente en ensaimadas. Pasear por ciertas calles te trae aromas irresistibles de mantequilla y canela y miel y pan de horno de leña, ¿quién puede resistirse a esta invasión? Yo no, desde luego.

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Pan, iris y CBD

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