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Mi hermosa lavandería

Un serio problema con los imperativos

Isabel Coixet

Es bien sabido que no hay nada más contraproducente para relajarte que que alguien te diga que te relajes, sea el dentista, un ginecólogo, una amiga o un cuñado. Es escuchar lo de «relájate» o «cálmate» y hay un resorte en mí que salta como si me hubieran dado un electroshock.

A veces, he estado a punto de hacerme una camiseta con el lema «Atención: si le tienes aprecio a tu vida, no me digas que ... me calme», pero me he detenido al recordar que en un mundo donde los bebés de una semana ya llevan camisetas con frases y palabras como «A rock star is born» o «El niño de tus ojos» ya nadie le hace caso a lo que tengas escrito en tu camiseta.

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