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ANIMALES DE COMPAÑÍA

A la intemperie

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Cuando paseo por la ciudad de mi infancia, busco los lugares en los que se quedaron refugiados mis recuerdos. Busco los descampados en los que ... me gustaba triscar, pero todos han desaparecido ya, devorados por un urbanismo sórdido y mazorral; y siento como si un pedazo de mi alma se hubiese quedado allí sepultado, bajo toneladas de cemento. Busco las tiendas de ultramarinos que solía visitar, acompañado por mi abuelo, fragantes de bacalaos como estandartes de la cuaresma, y las tiendas de tejidos, con sus mostradores de madera deslucida sobre los que se agolpaba una turbamulta de telas estampadas, y los puestos del mercado de abastos, donde los pescados se pudrían absortos sobre los helechos y los melones desventrados derramaban su dulzor, pero en su lugar me tropiezo con cafeterías sin carácter, perfumerías desangeladas y asépticos puestos de mercado que respetan escrupulosamente las ordenanzas sanitarias; y siento como si un pedazo de mi alma se hubiese quedado vaciada de todo aquel abigarramiento de olores, sabores y colores que le brindaba sustento. Pero quizá la impresión más aflictiva me la llevo cuando vuelvo a pisar los lugares que permanecen intactos, aquellos sitios que aún conservan el mismo aspecto que tenían cuando yo era niño. porque lo que entonces me parecía una sucursal modesta del paraíso se me antoja ahora una ruina desolada; y siento que mi alma se ha quedado a la intemperie, sola en un mundo que no comprendo, como un pájaro que se ha caído del nido.

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