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Animales de compañía

Contra el tuteo

Juan Manuel De Prada

Me ocurre constantemente: en los comercios, en los hoteles, en los restaurantes, incluso cuando converso a través del teléfono con personas cuyo rostro no he ... visto jamás. Me tutean como si me conociesen de toda la vida, como si fuese parte de su familia, como si fuese su camarada, su conmilitón, su confidente, su compañero de farras. El tuteo universal –como una suerte de democratización chabacana de las relaciones sociales– constituye una de las lacras más tiránicas de cuantas rigen el trato humano en esta época sórdida. ¿Por qué un tratamiento que denota confianza mutua, complicidad y un código tácito de alusiones privadas se ha convertido en una mercancía de uso constante? Los partidarios del tuteo indiscriminado alegan que el ostracismo del 'usted' ha contribuido a derribar barreras de clase y absurdos protocolos que dificultaban la convivencia; incluso se atreven a dictaminar que quienes aún nos aferramos al 'usted' somos una panda de carcamales que intentan perpetuar conductas clasistas o engreídas. Nada más alejado de la realidad: es el tuteo, con su propensión a borrar las distancias, el que trivializa el trato humano y lo convierte en una transacción imperiosa y descortés. En la imposición del tuteo indiscriminado descubro la misma degradación marrullera que en esos desquiciados deportes de lucha en los que han desaparecido las reglas, donde los púgiles se reparten golpes y patadas por debajo de la cintura y el combate no tarda en degenerar en trifulca carnicera. Esa misma impresión de trifulca gorrina me acomete cuando los desconocidos se empeñan en tutearme.

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