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Animales de compañía

Los pobres y nosotros

Juan Manuel de Prada

Leo en estos días Casi (Libros del Asteroide), de Jorge Bustos, una crónica o reportaje que es también una obra de intención literaria (pero toda crónica o reportaje valioso debería tener esa intención) y se atreve a zambullirse en el océano de la pobreza; más concretamente en el fenómeno de lo que el autor llama 'sinhogarismo'. Bustos cuenta cómo, tras adquirir un piso en el centro de Madrid, empezó a descubrir –al principio con disgusto o desasosiego o leve repulsión, poco a poco con creciente piedad– a multitud de personas desastradas u ociosas, con aspecto en muchos casos de estar viviendo en la calle. Pronto descubre que cerca de su casa se yergue el Centro de Acogida San Isidro (conocido por su acrónimo, que cede su título a la obra), donde se albergan decenas de estos desheredados; y, arrastrado por la curiosidad, pero también por cierto dolor larvado o cierta enojosa mala conciencia, se lanza a escribir este libro, donde cede la voz a estos jirones de humanidad desahuciada, así como a las personas que los rescatan de la calle (si se dejan).

Allá donde no existe conciencia de una paternidad común es muy difícil que la gente sienta al prójimo como un hermano

Casi es una obra muy interpeladora e incómoda, que pone rostro a esas vidas desdichadas de las que, por lo común, sólo tenemos noticia ... a través de las cifras estadísticas o del vistazo fugaz que les echamos por el rabillo del ojo, cuando las descubrimos acampando en un portal, envueltas entre harapos y cartones. Bustos también nos brinda cifras pavorosas en su obra; pero sobre todo pone rostro cierto y sangrante a esas cifras, que es lo más conmovedor de su obra (en donde, sin embargo, no hay sentimentalismo alguno). Las razones por las que multitud de personas terminan en la calle son variopintas (descalabros económicos, rupturas familiares, violencia, adicción a las drogas y al alcohol…); pero todavía más variopintas son las personas que componen esa multitud, que no son siempre marginales, sino también diseñadoras de joyas, pintores, profesores, gentes de los más diversos oficios y profesiones a quienes la vida tendió una trampa, arrojándolos a la intemperie y a la pobreza.

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