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Simone Weil, la mística revolucionaria que quiso cambiar el mundo

80 años sin la gran pensadora 80 años sin la gran pensadora

Simone Weil, la mística revolucionaria que quiso cambiar el mundo

Esta filósofa se comprometió con los desfavorecidos con su pensamiento y con sus actos. Dejó su puesto de profesora y se fue a trabajar a las fábricas. Por ellos se jugó la vida y se enroló en la resistencia. Sus ideas enlazaban trascendencia, humanismo y acción social. Su pensamiento ha influido en Susan Sontag, el papa Pablo VI o Albert Camus. Se dejó morir hace ahora ochenta años.

Un 24 de agosto de 1943, cuando la segunda gran guerra basculaba ya a favor de los aliados, en un hospital de Londres, «el único gran espíritu de nuestro tiempo», como la definió Albert Camus, entró en coma. Aquejada de una tuberculosis, se negaba a comer y repetía que esos alimentos debían enviarse a los prisioneros de guerra franceses.

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Esa noche falleció. Tenía 34 años. Sus padres y su hermano, refugiados en Nueva York, se enteraron por un telegrama, Simone no los había informado ... de su estado, no quería preocuparlos. Su madre dijo una vez: «Si tiene usted una hija, ruego a Dios que no le salga una santa». Esa capacidad de sacrificio, esa entrega absoluta a los demás, no era fruto de una educación religiosa, no estaba bautizada y había sido educada en una familia judía, culta y acomodada del París ilustrado.

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