Nuevas defensas ante las serpientes
'Indiana' Friede y el antídoto universal
Las mordeduras de serpiente se cobran cada año más de cien mil vidas. La ciencia busca un antiveneno universal que neutralice la ponzoña de todas las especies letales. La esperanza corre por la sangre de Tim Friede, un americano que ha desarrollado defensas tras dejarse 'hincar el colmillo' por los ofidios más mortíferos del planeta.
Durante casi dos décadas, Tim Friede –un estadounidense de Wisconsin de 58 años– se ha dejado morder e inyectar veneno de las serpientes más letales ... del planeta. Por sus venas corren toxinas de mamba negra, cobra real o el mortífero taipán costero australiano, con una potencia tóxica en sus colmillos capaz de fulminar a 125 personas. Más de 200 mordeduras y 700 pinchazos 'voluntarios' después, el organismo de Friede no solo ha sobrevivido, sino que ha desarrollado anticuerpos, convirtiendo su supersangre en un 'santo grial' para neutralizar el veneno mortal de una amplia variedad de ofidios.
Aunque el método roza lo temerario (dos dentelladas de cobra lo dejaron en coma), su hazaña (o su locura) podría suponer un paso crucial en la búsqueda de un antídoto universal contra todas las mordeduras de este reptil. ¿Y por qué esto es importante? Porque, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las serpientes muerden hasta a 5,4 millones de personas cada año en todo el mundo (sobre todo en zonas rurales y empobrecidas de Asia, África y América del Sur), unas cien mil mueren y otro medio millón sufre amputaciones.
«Estamos ante un problema de salud pública global», alerta sobre esta desconocida crisis el doctor Jorge Alvar (de Granada y con 73 años), experto en parasitología y salud pública y académico de Medicina Preventiva y Social de la Real Academia Nacional de Medicina de España (Ranme). Alvar es también el comisario de De brebajes y serpientes, una exposición muy relevante ante esta crisis y con toda la fascinación que despiertan estas hipnóticas criaturas.
La OMS ha lanzado un S.O.S. mundial: las mordeduras de serpiente causan más de cien mil muertes y medio millón de amputaciones al año
El médico, que trabajó durante ocho años en la OMS, cuenta que esta organización se ha marcado un objetivo: reducir a la mitad el devastador impacto de las mordeduras de serpiente antes de 2030. No es sencillo. La respuesta terapéutica plantea enormes retos por la propia naturaleza de los venenos: cada especie de serpiente posee una composición única, un complejo cóctel de proteínas y péptidos que ha ido evolucionando durante millones de años para inmovilizar presas (coagulan su sangre, bloquean la comunicación entre los nervios y los músculos, y necrosan los tejidos) y facilitar su digestión. «Un preparado eficaz para una especie puede no ser útil para otra», explica Alvar. Existen más de 200 especies con 'pócimas' dispares, lo que hace que la industria farmacéutica pierda interés por buscar antídotos tan específicos.
Antes de que la sangre de Friede se convirtiera en la nueva esperanza del antiveneno global, la humanidad se ha pasado más de dos mil años buscando su propia panacea. El más mítico de los remedios hunde sus raíces en el siglo I, cuando el temor de Nerón (tal vez el más cruel de los emperadores romanos) a ser envenenado llevó a su médico personal, Andrómaco, a crear la triaca magna, un polifármaco de 37 ingredientes de origen vegetal al que añadió carne de víbora. Esta idea se basaba en la premisa homeopática de que «lo similar cura lo semejante», es decir, su ingesta en pequeñas y repetidas dosis protegería al emperador en caso de envenenamiento. Algo más tarde, en el siglo II, Galeno perfeccionó la fórmula y elevó la triaca a la cumbre de la farmacología, hasta el punto de que se ha usado como cura universal durante dos milenios, convirtiéndose en uno de los medicamentos más longevos de la historia.
Hasta su desaparición de la farmacopea española en 1918 (en Venecia se siguió fabricando hasta 1950), la triaca (o theriaca) fue empleada contra todo tipo de dolencias, desde envenenamientos de serpientes hasta males como la peste o la sífilis. En muchas regiones de nuestro país, al llegar la primavera, los viboreros (o triaqueros) se lanzaban al monte a la caza de ejemplares para proveer a los boticarios. «Cada uno podía hacerse hasta con 800 piezas», relata Alvar.
El veneno de serpiente encarna esa fina línea que separa la vida de la muerte: una gota puede detener un corazón y, en manos de la ciencia, prevenir ataques cardiacos. Hay un enorme potencial en sus toxinas
La elaboración del compuesto era un proceso complejo y ritualizado. Llegó a incluir hasta 61 ingredientes, siguiendo las indicaciones del médico Galeno. La carne de víbora debía proceder de una hembra joven, no preñada, de la que descartaban cabeza y cola. Se preparaba tras ser desollada, troceada y cocida con sal, enebro, vino y miel hasta formar una especie de jalea. El resto de los elementos se trituraban en un mortero y se dejaban fermentar al menos un año antes de mezclarse en un producto final que se almacenaba en recipientes sellados con tapones de plomo con el emblema de la farmacia como garantía de autenticidad. Hoy se sabe que carecía de valor terapéutico real.
De la farmacia a la cosmética pasando por la agricultura
Desde finales del siglo XIX, el tratamiento fundamental frente a las mordeduras de serpiente es la administración de suero antiofídico, elaborado a partir de anticuerpos obtenidos del plasma de animales (caballos u ovejas) hiperinmunizados con venenos de serpiente. Como explica Juan Tamargo, catedrático emérito de Farmacología de la Universidad Complutense, el primer antiveneno fue desarrollado en 1894 simultáneamente por los franceses Albert Calmette, que había inmunizado caballos con pequeñas dosis del veneno de cobra india, y por Césaire Phisalix y Gabriel Bertrand, quienes habían hecho lo propio en cobayas contra el veneno de la víbora áspid.
En la actualidad, la investigación se centra en alternativas más seguras, como anticuerpos monoclonales y nanoanticuerpos, que reducen el riesgo de reacciones alérgicas. También se exploran anticuerpos humanos procedentes de personas con inmunidad excepcional, como Tim Friede, quien ha abierto la puerta al desarrollo de un antiveneno universal.
Mientras se busca el elixir, la ciencia no deja de investigar para convertir un arma mortal como el veneno de serpiente en un escudo contra la enfermedad. Una sola gota puede detener un corazón en cuestión de minutos o en manos de los bioquímicos convertirse en la base de un fármaco capaz de prevenir infartos. En dosis controladas ha servido para crear medicamentos contra la hipertensión, la insuficiencia cardiaca, los ictus o la enfermedad renal. Por algo están presentes en el símbolo de las farmacias.
Aída Verdes, investigadora de Biodiversidad y Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC y otra de las comisarias de la exposición De brebajes y serpientes, alude al «enorme» potencial de las toxinas de los reptiles, y no solo en medicina, sino también en otros campos biotecnológicos. «Los venenos –dice Verdes– son una de las secreciones biológicas más complejas que existen y representan una fuente extraordinaria de moléculas bioactivas con aplicación en farmacología, agricultura, cosmética o diagnóstico médico».
Uno de los fármacos 'ofídicos' más conocidos es el tirofibán (se comercializa bajo este nombre o Agrastat), inspirado en una toxina del veneno de la víbora gariba (Echis carinatus). En la naturaleza, esta toxina le sirve para provocar a las presas hemorragias internas, bajada de la presión arterial y fallo circulatorio, con lo que el animal se debilita y queda inmovilizado. Y, en medicina, ese mismo mecanismo se utiliza para facilitar el flujo sanguíneo al corazón y prevenir los ataques cardiacos.
Quizá ahí resida la mayor paradoja de esta historia: el mismo veneno que durante millones de años ha sido sinónimo de muerte, 'inocula' modernas formas de curar. De la ancestral triaca cargada de superstición a la biotecnología más avanzada, el ser humano sigue persiguiendo su deseo de domesticar lo letal. Hoy, gracias a investigaciones como la de Tim Friede, esa meta parece más cercana. Pero mientras el antídoto universal sigue en el horizonte, las temidas y fascinantes serpientes continúan recordándonos que incluso los peligros más arcaicos esconden dosis de vida.
VENENOS QUE SALVAN VIDAS
En dosis controladas, el poder de las toxinas de las serpientes ha servido para crear fármacos tan útiles como estos .
→ Para la tensión alta
Uno de los antihipertensivos más conocidos se comercializa bajo el nombre de Captopril, desarrollado a partir de un péptido (una proteína pequeña) del veneno de la 'Bothrops jararaca', que se usa como fármaco para la hipertensión, la insuficiencia cardiaca y la enfermedad renal diabética. La jararaca ('jararaca' deriva del tupí 'yarará', 'gran serpiente') pertenece a la subfamilia 'Crotalinae'. Su nombre común es víbora de foseta (porque posee un orificio o fosa a cada lado de la cabeza que le permite detectar presas de sangre caliente) y se extiende principalmente por Brasil, Paraguay y Argentina.
→ Para prevenir trombos
Destaca la eptifibatida (uno de sus nombres comerciales es Integrilin), un péptido derivado del veneno de la serpiente de cascabel enana ( Sistrurus miliarus barbouri ) que se usa en cuadros coronarios agudos, angioplastias y en tratamientos para prevenir infartos de miocardio. La cascabel enana, también conocida como 'víbora sorda', es nativa de Estados Unidos. Con fines similares aparece la batroxobina, un principio activo que se comercializa bajo el revelador nombre de Reptilase. Se emplea como agente de coagulación plasmática y se obtiene de la Bothrops atrox , una víbora venenosa de Sudamérica.
→ Pegamento biológico
El fibrin glue (pegamento de fibrina) se obtiene de un derivado del veneno de la Crotalus durissus , la conocida serpiente de cascabel, así llamada porque agita su cola, simulando el sonido de un cascabel, al sentirse amenazada. Este fármaco se basa en el mismo principio natural de coagulación de la sangre y ayuda a los cirujanos como adhesivo biológico para cerrar tejidos y frenar hemorragias en operaciones quirúrgicas.
→ Analgésicos experimentales
En fase experimental, la ciencia estudia toxinas del veneno de serpiente, como la crotoxina (también obtenida de la serpiente de cascabel), para mitigar el dolor crónico. Igualmente se está investigando el potencial de la crotoxina como antiinflamatorio y antitumoral y, en su vertiente cosmética, como paralizador muscular, similar a la toxina botulínica (bótox).
Entre 100 y 150 ingresos hospitalarios por mordeduras de serpiente en España
En España se producen entre 100 y 150 ingresos hospitalarios al año por mordeduras de serpientes. Los síntomas suelen ser dolor e inflamación en la zona de la herida y otros más generales como náuseas, vómitos, diarrea y taquicardia. Ante una picadura, llamar al 112, reposo y calma, no dar bebidas estimulantes, inmovilizar el miembro afectado y mantenerlo por debajo del corazón, lavar con agua y jabón y no cortar ni chupar. En la península ibérica hay cinco especies de serpientes venenosas, tres son víboras (reconocibles por su cabeza triangular) y dos culebras. Utilizan su veneno para capturar presas y digerir alimentos y solo atacan a los humanos si se sienten amenazados.