Bernard Herrmann
Bernard Herrmann
Jueves, 15 de Enero 2026, 17:25h
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Para los músicos, lo único más aterrador que una película de Alfred Hitchcock era su compositor: Bernard Herrmann, tan brillante como irascible, que los fulminaba con su mirada mientras golpeaba bruscamente la batuta... cuando no se las lanzaba directamente. Pero, pese a ello, Herrmann es historia del cine por su genial trabajo con Alfred Hitchcock en siete películas, entre ellas Vértigo, Con la muerte en los talones y Psicosis; con Orson Welles, en La guerra de los mundos y Ciudadano Kane; y por componer, además, para filmes clásicos como El Cabo del miedo, Fahrenheit 451 o Taxi Driver.
E incluso después, su música siguió sonando: en la película Érase una vez... en Hollywood, Quentin Tarantino recurrió a la inédita banda sonora que Herrmann compuso para Cortina Rasgada y que Hitchcock había rechazado, y la usó para la escena de los asesinatos de Charlie Manson.
Ahora un nuevo libro, Hitchcock & Herrmann, de Steven C. Smith, se adentra en la relación entre Hitchcock y el compositor. Herrmann basaba su talento para el suspense en su propia personalidad volátil, cuenta Smith. Tuvo una madre ucraniana muy temperamental y su casa era un hervidero de sonoras discusiones y tensas esperas.
Su gran legado es la música de la escena de la ducha en Psicosis, que, en principio, Hitchcock quería sin música. Herrmann, de todas formas, preparó una pieza de cuerdas, para 50 músicos, todos tocando molto forzando e feroce. «Cuando llegó la música, la gente se quedó atónita», dijo Hilton Green, subdirector de Psicosis, y Hitchcock tuvo que cambiar de opinión. Herrmann se había distanciado para entonces de casi todos los directores por su caracter difícil. No tardó tampoco en pelearse con Hitchcock.
Cuando el director le pidió una banda sonora «con un ritmo joven y vigoroso», para la película Cortina Rasgada, Herrmann, le devolvió «una pieza más propia de un invierno nuclear». El director se enfadó y lo echó de forma abrupta. Aquello hundió a Herrmann en lo personal, cuenta su biógrafo, pero siguió componiendo para la siguiente generación de directores: Steven Spielberg, Brian de Palma y Martin Scorsese. Herrmann murió de un infarto el 24 de diciembre de 1975; acababa de terminar la banda sonora de Taxi Driver.