La carrera de la primera mujer que ha orbitado alrededor de la Luna está plagada de primeras veces. Te las contamos.
Isabel Navarro
Jueves, 9 de abril 2026, 16:33
El corazón de Christina Koch al volver a la Tierra ya no es el mismo. Tampoco los de Reid Wiseman, Jeremy Hansen y Victor Glover, ... el resto de sus compañeros en la nave Orion. Y no es una metáfora. Allí afuera, en el espacio, el corazón del ser humano se vuelve más redondo, casi una pelota, por el sencillo motivo de que no hay gravedad contra la que bombear. También se crece en altura, porque la columna vertebral sin gravedad se estira. Además, la piel puede quemarse y cae la masa muscular.
Pero probablemente todos esos efectos secundarios a Christina Koch le han resultado insignificantes. Un precio pactado de antemano consigo misma (y con la NASA) para formar parte de la historia espacial y acabar perteneciendo a ese selecto club de astronautas cuyo nombre podemos recordar sin consultar Google o Wikipedia: Neil Armstrong, Buzz Aldrin, Yuri Gagarin, Valentina Tereshkova…
Koch ha sido la primera mujer en orbitar alrededor de la Luna, un hito, que ya se prefiguraba en el nombre de la misión: Artemis II. Pues Artemisa es la diosa griega de la Luna y hermana gemela de Apolo, el nombre de la misión que logró alunizar a los primeros hombres sobre el satélite de la Tierra el 20 de julio de 1969.
Christina Koch nació en 1979 en la ciudad de Grand Rapids, en el estado de Michigan, y se crió en Jacksonville, Carolina del Norte. Estudió Física e Ingeniería Eléctrica y su carrera como astronauta comenzó en 2013, en una promoción que contaba con el mayor número de candidatas jamás seleccionadas en el programa de la NASA –cuatro mujeres y cuatro hombres–, y que también incluyó al piloto de Artemis II, Victor Glover.
En Artemis II el trabajo de Koch ha sido el de especialista de misión junto con Jeremy Hansen, lo que significa estar a cargo de las tareas técnicas y científicas fundamentales y asegurarse de que todo funcione a bordo. Durante las primeras horas tras el despegue, contó que una de las primeras incidencias técnicas fue con el retrete. Ella fue la encargada de repararlo. «Soy la fontanera espacial», dijo con orgullo y agregó: «Todos respiramos aliviados cuando vimos que volvía a funcionar».
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Su biografía está plagada de primeras veces. El 6 de febrero de 2020 Christina Koch aterrizó en Kazajistán, en una cápsula Soyuz MS-13 tras haber protagonizado dos hitos de la aeronáutica: el primero, convertirse en la mujer que más tiempo ha pasado en el espacio durante el transcurso de una misión. Nada más y nada menos que 328 días, superando el anterior récord de 289 días en posesión de Peggy Whitson desde 2017. El segundo, haber participado en el primer paseo espacial realizado solo por mujeres junto con la astronauta Jessica Meir. Christina Koch vivió y trabajó durante 328 días en la Estación Espacial Internacional, donde realizó seis paseos espaciales —con una duración total de 42 horas y 15 minutos— y dio 5248 vueltas a la Tierra.
Su trabajo, incluso de manera pasiva (como objeto de estudio) fue fundamental para los actuales planes de la NASA, pues su misión permitió a los investigadores estudiar cómo afecta al cuerpo de una mujer pasar largos periodos en espacio. ¿Y qué es lo que no sabemos? Ignoramos, por ejemplo, si la radiación cósmica afecta de manera distinta según el género. De hecho, la mayoría de los datos sobre el efecto de la radiación en el sexo femenino provienen de sobrevivientes de Hiroshima y de ellos se desprende que la radiación les afecta a ellas de manera más significativa que a los hombres: pero todavía nadie sabe por qué.
Antes de partir a la Estación Espacial Internacional el 14 de marzo de 2019, la capacitación de Koch incluyó instrucción intensiva, caminatas espaciales, robótica, entrenamiento fisiológico, entrenamiento de vuelo en un T-38 y entrenamiento de supervivencia extrema en el medio acuático, el hielo y el desierto. Pero lo que probablemente hizo de ella la candidata más apta para su larga estancia en órbita fue el tiempo que pasó en varias estaciones antárticas y árticas ayudando a los científicos a realizar investigaciones a distancia, incluyendo un año en el Polo Sur. Un ambiente de aislamiento y confinamiento, en una región que es conocida como «el Marte blanco», no solo porque el sol desaparece durante meses, sino porque el 98% del continente está cubierto de hielo, tiene vientos extremos y un rango de temperatura promedio de 49 a 26 grados bajo cero, lo que lo convierte en el lugar más frío de la Tierra. «El aislamiento, la ausencia de familia y amigos, y la falta de nuevos aportes sensoriales son todas condiciones en común con la estación espacial –explicaba Koch– . Y la estrategia más útil que desarrollé para sobrellevarlo fue evitar pensar en todas las cosas que me estaba perdiendo y enfocarme en su lugar en todas esas cosas únicas del momento que nunca volvería a experimentar».
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Durante los 328 días que pasó en la estación espacial la astronauta avanzó en varias investigaciones de crucial importancia tanto para la vida en la Tierra como en el espacio. Por ejemplo, dentro de la Cámara de Experimentos de Combustión Avanzada por Microgravedad (ACME) Koch estudió el comportamiento del fuego en el espacio. También trabajó con nubes de átomos enfriados a una diez mil millonésima de grado sobre el cero absoluto. Es decir, mucho más frío que la temperatura promedio del espacio profundo. A estas bajas temperaturas, los átomos casi no tienen movimiento, y permiten a los científicos estudiar comportamientos fundamentales y características cuánticas que son imposibles de explorar a temperaturas más altas.
A sus 47 años da la sensación de que Christina Koch no ha dejado de experimentar instantes extraordinarios ajenos al común de los mortales. Como único fue su «paseo» o EVA, que es como se conoce a la actividad extravehicular en el espacio, junto a Jessica Meir. El objetivo del «paseo» era sustituir las antiguas baterías de níquel-hidrógeno por nuevas de ion litio, de casi 200 kg cada una. Un arduo trabajo de más de siete horas.
Durante la EVA, las astronautas recibieron una entusiasta llamada de Trump (en su anterior mandato) desde la Tierra para felicitarla, que les dijo durante su intervención que era «la primera vez que una mujer sale de la estación espacial» y luego agregó: «Sois personas increíbles». Sin embargo, Meir se atrevió a hacerle «fact-check» en directo a 400 kilómetros de altura: «No queremos apropiarnos del mérito porque ha habido muchas otras mujeres haciendo paseos espaciales antes. Esta es la primera vez que hay dos mujeres fuera al mismo tiempo».
En la jerga espacial se llama EVA (Extra-vehicular Activity) al procedimiento que implica abandonar la seguridad de la nave y la utilización de un traje espacial (en la práctica, una nave en miniatura) que proteja al astronauta de los extremos térmicos, la radiación, la falta de presión atmosférica, etc.
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La EVA es una acción arriesgada para el astronauta, poreso se suele ensayar en tierra antes de la misión espacial. En los ensayos se coreografían los movimientos para evitar que después en el astronauta se fatigue con movimientos innecesarios.
Las EVA pueden realizarse contando con la ayuda de cables (como medida de seguridad), cordones 'umbilicales' (que transportan electricidad, oxígeno y otros fluidos), herramientas (para efectuar los trabajos encomendados), y sistemas de maniobra (pistolas a propulsión, o mochilas autopropulsadas, como la MMU y el sistema SAFER).
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Hasta 1983, Estados Unidos no puso a una mujer en el espacio. Fue la física y «especialista de misión» Sally Ride, quien hizo historia a bordo del transbordador espacial Challenger en dos misiones fundamentales antes de que ocurriera el trágico accidente de 1986, en el cual ella no estuvo presente como tripulante. A día de hoy, ningún otro americano ha batido su récord de ir al espacio con tan solo 32 años. En más de una ocasión ha afirmado que donde peor lo pasó no fue en el espacio sino en las ruedas de prensa, donde le preguntaban por su maquillaje, los sujetadores que llevaría al espacio, o si lloraba cuando le salían mal las cosas.
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