Saltar al contenido
Volver
Paul Biya gobierna Camerún desde hace más de 40 años. En medio de denuncias de fraude, a sus 92 años, acaba de ser reelegido para un octavo mandato, que culminará cuando cumpla 99. Siempre va acompañado de su mujer, Chantal Biya.

En imágenes

Déspotas eternos: los octogenarios –y nonagenarios– que gobiernan África

La edad media de la población africana es 19 años… y tiene los gobernantes más ancianos del planeta. Siete de ellos, con más de 80 años y varias décadas en el poder. En un continente que vive en futuro, sus líderes se aferran al pasado, perpetuándose entre autarquías, dictaduras y urnas diseñadas a medida.

Cuando despertó, Paul Biya todavía estaba allí. Podría ser el cuento más corto de Camerún –parafraseando a Augusto Monterroso–, pero también el más pre-ciso. Desde hace más de cuatro décadas, el país no conoce otro jefe de Estado que él. Y, sin embargo, sus súbditos apenas saben de él. Biya, de 92 años y reelegido para su octavo mandato, pasa largas temporadas fuera del país, casi siempre en Suiza, donde se refugia entre hoteles de lujo y tratamientos médicos. El año pasado estuvo ausente tanto tiempo que se desataron rumores sobre su muerte. Pero no: simplemente disfrutaba de su retiro dorado, acompañado de un séquito de medio centenar de asistentes… y de su omnipresente esposa, Chantal Biya. Primera dama desde 1994 –cuando tenía solo 23 años–, Chantal es tan célebre por su cabello imposible como por su influencia política. En 2010 llegó incluso a ordenar la destitución del seleccionador nacional de fútbol por su «vida alocada». Camerún posee madera, petróleo, cacao, café, gas y minerales. Pero la riqueza no gotea: se queda arriba. A finales de los noventa, el país encabezó la lista de los más corruptos del planeta, según Transparencia Internacional. Hoy sigue entre los diez primeros. Mientras tanto, Biya continúa gobernando por decreto y delegando el día a día a un círculo cerrado de leales. En Camerún, el futuro parece un bucle. Y cada mañana, cuando el país despierta, Paul Biya sigue allí. Camerún es solo el ejemplo más sangrante de un país africano condenado a vivir 'eternamente' bajo un anciano déspota. Pero otros seis países siguen el mismo camino con octogenarios al frente.

  1. Emmerson Mnangagwa (83 años)

    Zimbabue: 'El Cocodrilo' y sus crías

Apodado el Cocodrilo por su pasado al frente de una violenta guerrilla, Emmerson Mnangagwa es el único de los líderes autoritarios que ha dado una ... fecha para dejar el poder: 2028. Para entonces tendrá 86 años y habrá gobernado más de una década, tras dar un golpe de estado contra Robert Mugabe. Su sucesor se prevé que sea alguien de su entorno más cercano. Mnangagwa tiene siete hijos de sus dos esposas, la primera fallecida. Uno de sus hijos, David, ya es viceministro de Finanzas. Pero llaman más la atención los dos más pequeños, los gemelos Sean y Collins, habituales en redes sociales, que el día de su 37 cumpleaños posaban así (en la foto) con su padre. La longevidad del mandatario contrasta con la baja esperanza de vida del país, 62 años. La población sufre los efectos de una inflación superior al 50 por ciento y de una sequía que destruye los cultivos de los que depende el 70 por ciento de la población.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.

Reporta un error

[]

Déspotas eternos: los octogenarios –y nonagenarios– que gobiernan África

[]

Déspotas eternos: los octogenarios –y nonagenarios– que gobiernan África