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La mutación de la

Los Zuckerberg

La mutación de la 'filántropa' Priscilla: ni igualdad racial ni niños pobres...

Hasta ahora era la discreta mujer de Mark Zuckerberg, volcada en su fundación para que «todos tengan las mismas oportunidades». Pero desde el regreso de Trump se ha unido a su marido en la cruzada 'MAGA': no solo ha renunciado a sus presuntos principios, también ha cambiado de estilo...

Viernes, 29 de Agosto 2025, 09:40h

Tiempo de lectura: 3 min

Priscilla Chan era la niña buena de la filantropía. Hija de inmigrantes vietnamitas que llegaron como refugiados a Estados Unidos, se partió el lomo para ir a la universidad, se hizo médico y, cuando montó la fundación Chan Zuckerberg Initiative (CZI) con Mark Zuckerberg, se propuso nada menos que salvar el mundo. 

Ahora, con 40 años, muestra su envidiable vida en redes y presume de sus tres hijas, Max, August y Aurelia, nombres de emperadores romanos que eligió Zuckerberg, obsesionado con el poder imperial. Pero su fundación es cada vez más irrelevante. ¿Qué ha pasado?

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El nombre de las hijas. Máxima, Augusta y Aurelia, las 'emperadoras' Zuckerberg, en una foto de este año en sus redes. Los Zuckerberg tienen un patrimonio estimado en 200.000 millones de dólares.

Los padres de Priscilla trabajaron en un restaurante chino para sacar adelante a su prole en un barrio obrero de Quincy (Massachusetts). Priscilla, la mayor, destacó en ciencias y estudió en Harvard con una beca. Allí conoció a Zuckerberg haciendo cola para el baño en una fiesta universitaria, cuando él acababa de crear Facemash, aquella web para comparar «quién está más buena». 

Antes de las elecciones de 2024, Zuckerberg se enfrentaba a una demanda por monopolio ilegal que podría forzar a Meta a dividirse. Tras la victoria de Trump, su transformación MAGA ha sido meteórica

Ella siguió su camino hacia la medicina mientras él montaba Facebook, y cuando en 2015 crearon CZI con la promesa de donar el 99 por ciento de sus acciones a lo largo de sus vidas dejaron a todos boquiabiertos. La misión era épica: «Curar, prevenir y gestionar todas las enfermedades en el próximo siglo» y «promover que todos tengan las mismas oportunidades».

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De risa. Priscilla fue objeto de burlas cuando pillaron a Mark mirando el escote de Lauren Sanchez, la mujer de Bezos, en la toma de posesión de Trump. Desde entonces sus apariciones son más vistosas. En su fiesta de 40 cumpleaños, en febrero, lució tres vestidos distintos, bailó y gritó cuando Mark imitó al cantante Benson Boone.

Pero, mientras ella predicaba la igualdad racial y ayudaba a niños desfavorecidos, su marido dejaba que se incitara a la violencia en su plataforma. El punto de inflexión llegó en 2020, tras el asesinato del afroamericano George Floyd a manos de la Policía: Trump publicó en Facebook «cuando empiecen los saqueos, empezarán los disparos» y Zuckerberg mantuvo el mensaje. Más de 140 científicos financiados por CZI escribieron una carta criticando que Facebook violase sus propias directrices. Chan intentó calmar las aguas con sus empleados: «Somos dos organizaciones separadas...».

Pero lo peor estaba por llegar: investigaciones internas detectaron que Instagram obsesionaba a los adolescentes con su imagen corporal y promovía pensamientos suicidas. ¿Cómo gestionó Chan semejante disonancia? Cerrando filas con su marido. Y acatando un desguace implacable de su fundación. Liquidó el equipo de diversidad justo cuando Trump volvió al poder, y, para rematar, ha cerrado la escuela para niños pobres.

Maurice Wilkins, que fue jefe de diversidad, lo ve claro: «Mark y Priscilla decidieron que harían lo que fuese para seguir siendo las personas más ricas del mundo». Las cosas se habían puesto feas.

Justo antes de las elecciones de 2024, Zuckerberg se enfrentaba a una demanda por monopolio ilegal que podría forzar a Meta a dividirse. Tras la victoria de Trump, su transformación MAGA ha sido meteórica: hasta apareció en el pódcast de Joe Rogan, un influencer de la 'machosfera', comentando que el lugar de trabajo necesita más «energía masculina», lo que hirió especialmente a las empleadas de CZI, casi todas mujeres.

Como diría Groucho Marx: «Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros»

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