A sus casi 91 años, Rafael Canogar es el último superviviente del famoso grupo El Paso. Cofundador del reivindicativo informalismo, este español internacional tiene obra por todo el mundo y acaba de crear el grabado que recibirán los ganadores de los Premios XLSemanal 2026. Lo visitamos en su estudio.
Por María de la Peña Fernández-Nespral | Fotos: Daniel Méndez
Viernes, 24 de abril 2026, 10:15
Rafael Canogar es uno de nuestros más grandes artistas contemporáneos, el último de su generación y del famoso grupo El Paso. Aquel colectivo dio lugar ... al informalismo, ese movimiento reivindicativo que un grupo de pintores como Millares, Feito o Saura crearon a finales de los años cincuenta como respuesta al aislamiento cultural de la España franquista y a las corrientes abstractas de posguerra. XLSemanal ha tenido el honor de contar con Canogar para realizar los galardones de la cuarta edición de los premios que cada año entrega nuestra revista.
Rafael Canogar (Toledo, 1935) no ha cambiado nada. Su porte derecho, su mirada atenta, su movimiento ágil, su conversar igual de profundo y generoso.
Nos recibe en su estudio, «su territorio», del barrio de Arganzuela, donde lleva 20 años rodeado de miles de obras y el sitio donde más le gusta estar. Incansable, a punto de cumplir los 91, vive al día, solo pensando en su obra y produciendo al mismo ritmo de siempre.
XLSemanal. ¿Cómo está? Se le ve en forma.
Rafael Canogar. Muy ocupado. Me gustaría estarlo algo menos. Tengo muchas peticiones de diversos proyectos fuera del estudio. Llega un momento en que lo que quiero es pintar y no tengo tiempo. Hay que saber decir que no y, a veces, es difícil. Siempre he querido ser asequible y ayudar, si es posible. Ya no me sale cambiar.
XL. ¿Le obsesiona no perder el tiempo?
R.C. Sí, un poco. Me siento muy productivo. En el estudio siempre tengo tarea: más de 400 ediciones de obra gráfica y estoy preparando una de dos metros. Solamente ordenar todo el trabajo que he realizado me lleva muchísimo tiempo. Pero donde mejor estoy es en mi estudio. Me cuesta irme de aquí. Me suelo marchar a las nueve o diez de la noche. Muchas veces me quedo a dormir. Tengo un apartamento arriba.
XL. ¿Sigue pintando más de cien cuadros al año?
R.C. Sí. No me duele nada, afortunadamente. Y que siga así.
XL. ¿Su buena salud se debe a su pasión?
R.C. Sí, pero supongo que habrá algo genético también.
XL. ¿Es fiel a su rutina de siempre? ¿Sigue leyendo la prensa mientras desayuna en la cama?
R.C. No, eso lo hacía cuando estaba casado. Estoy recién divorciado después de 30 años de matrimonio. Me he comprado un piso a tiro de piedra del estudio, lindando con la Casa Encendida. Todo esto me ha llevado un tiempo extra porque no estaba en mi programa de vida.
XL. ¿Quién le iba a decir que se iba a reinventar con 90 años?
R.C. Efectivamente. Cuando fui a firmar la escritura del piso, la notaria me comentó que era muy poco corriente que gente de mi edad comprase un piso.
XL. Otra ocupación adicional ha sido crear su fundación, ¿no?
R.C. Sí. Están mis cuatro hijos, pero, mi hija, que es la mayor, arquitecta y paisajista, ha cerrado su oficina para dedicarse plenamente a dirigir la fundación.
XL. ¿Qué piensa de las protestas, del grito del mundo del arte pidiendo la reducción del IVA del 21 por ciento?
R.C. Nos quedamos aislados en el mundo. Italia, Francia, Portugal, Alemania… todos han bajado el IVA. Y, además, el Gobierno no ha dicho nada. Ninguna reacción. Estamos viviendo en un país muy raro.
XL. También lo es la situación mundial...
R.C. Muy peligrosa. Podemos entrar en guerra. Yo pensaba que no nos iba a tocar como a mis padres, que vivieron una guerra civil, que no iba a tener esa mala experiencia. Pero me parece que se aproxima. Y tenemos un presidente que podía haber sido más político y no colocarnos en esa posición de extrema izquierda. Vivimos un momento muy difícil. Y me afecta mucho.
XL. Dada la situación mundial, ¿le saldría hacer un arte de denuncia, como hizo antes de la Transición?
R.C. No tendría efecto. Hay cosas que se pueden hacer en ciertos momentos, pero ya no son eficaces. Ahora quiero comunicarme a través de cosas bellas. Creo que es la mejor manera de estar en armonía con tu entorno. No puedes hacer absolutamente nada con un mundo en crisis globalizado, excepto rezar por que mejore la situación.
XL. Usted lo que quiere es aportar belleza...
R.C. Creo que es el cometido final de los creadores. La criba hará desaparecer a muchos, pero hay que intentarlo. En este sentido hay algo criticable en el mundo del arte: es parte de una maquinaria de mercado donde el arte ya no importa tanto, sino su difusión. En Arco, el arte importa poco, importa el acto social.
XL. ¿Estuvo en Arco?
R.C. Media hora. Vi solamente tres cosas concretas. Me aburre ver tanto acto social.
XL. ¿El artista lo tiene hoy más difícil que cuando usted empezó?
R.C. Sí. Se arriesga menos. La presión del mercado es mayor que en mi época; las galerías no nos exigían una determinada línea, éramos libres. El mundo de hoy va a vender.
XL. ¿Cree que hasta el mejor artista acaba haciendo obras más vendibles, más ajustadas a los gustos del mercado?
R.C. Sí. Cada vez hay más exposiciones comerciales, donde todo es muy efectista…
XL. ¿Igual no hay más remedio que caer en esa trampa?
R.C. Yo creo que hay que evitarlo. Sigo pensando en hacer nuevas cosas, pero fiel a mi generación y a mi forma de entender la pintura. ¡Procuraré no caer en la trampa!
XL. Usted lo tiene más fácil. Está más que consolidado.
R.C. Sí, pero eso conlleva también el riesgo de que la gente espere que tengamos que mantener siempre un cierto nivel. Tú mismo intentas no bajar nunca ese nivel de exigencia.
XL. ¿Qué le parece la nueva disposición de la colección permanente del Museo Reina Sofía? Han incluido una obra suya de gran tamaño, Escena urbana, de 1970.
R.C. La he visto deprisa, pero creo que mucho de lo que hay colgado debería estar fuera del museo. Sobra. Son movimientos que no se han consolidado ni fueron potentes: el momento de las instalaciones, de los vídeos, de la Movida, que al final no tienen mucha coherencia. Y creo que no hay ningún artista de mi generación con piezas colgadas. Me parece que es una prolongación de lo mismo que con el anterior director.
XL. Ha vuelto al lienzo y ha dejado el metacrilato. ¿Para recuperar el gesto del informalismo?
R.C. Sí, pero con color. Aunque a veces recurro al blanco y negro. La tela es un material muy primario. Es lo que he utilizado siempre. Cuando tenía 12 años, ya compré una pequeña telita de 20 por 20 donde pinté un pimiento porque ¡no entraba otra cosa! [risas]. A través de la historia ha sido un medio para dejar nuestra impronta. El metacrilato fue algo nuevo porque quise introducir el elemento espacial de la imagen del espectador. Es más delicado. Ahora estoy tratando de hacer lo mismo, pero sobre la tela.
XL. ¿Sigue comprando cuadros suyos de la época informalista?
R.C. Este que ves enfrente lo he comprado hace una semana en una subasta. Estaba muy sucio y lo he limpiado. Era de una actriz muy conocida que ha muerto hace poco. Sigo comprando pensando en mi fundación.
XL. El legado de los artistas es un asunto siempre pendiente, difícil de dejar solucionado.
R.C. La mayoría de los artistas no se ocupa de su legado y los hijos se reparten los cuadros; los venden o los malvenden. Si te interesa lo que has hecho, debes ser consciente de que dejas algo que conviene que lo defiendan correctamente. Por eso he creado la fundación. Habrá un fondo de obras, las de las salas permanentes en Toledo y en Cuenca y, cuando yo no esté, la fundación se ocupará de mis exposiciones, de los préstamos... Que quede todo ordenado y bien recogido en la página web.
XL. ¿Al convivir con tantas obras alrededor, tiene la tentación de intervenir alguna para mejorarla o cambiar algo?
R.C. Sí, a veces. Cambio algo de cuadros antiguos. Las obras están vivas y de pronto se me ocurre una solución más acertada. Hace poco me ha pasado con uno. A los historiadores no les debe de gustar mucho, pero para los artistas, cuando tenemos las obras en nuestro poder, son todavía nuestro territorio.
XL. Tiene una escultura en Carabanchel, en el barrio de las galerías de arte de Madrid. Debe de ser un orgullo que le encarguen obra pública.
R.C.Sí, y acabo de terminar otra de tres metros y medio de acero corten que me ha encargado una familia para su finca en los montes de Toledo.
XL. Sigue en la abstracción. Son sus raíces. ¿Observa que algo se mueve en España, una nueva estética?
R.C. No hay vanguardia desde hace tiempo. La última fue la transvanguardia de Benito Oliva, en los años setenta. Ha habido muchos movimientos que no han tenido consolidación y, ahora mismo, se hacen exposiciones que tratan de mostrar qué se hacía antes. Hay el deseo de volver atrás, de revivir unos años atrás.
XL. ¿Por qué? ¿No acaba de satisfacer el arte actual?
R.C. Creo que antes las exposiciones eran más coherentes. Ahora hay excesivo deseo de llamar la atención, de hacer algo que la gente se pare a comentarlo, sin ser algo que se prolongue en el tiempo. A veces hay que dar un paso atrás para dar dos adelante. En el cine pasa lo mismo. Es muy comercial. El mejor cine se hizo en los cincuenta y sesenta en Europa. Hay que replantearse las cosas de nuevo.
XL. El mundo está un poco patas arriba…
R.C. Estamos como en un periodo de transición. Los valores han cambiado. Incluso la misma democracia ha demostrado tener una cierta debilidad que permite que desde dentro nazcan las teocracias. Hay que blindar más la separación de poderes.
XL. ¿Usted es creyente?
R.C. No. Pero, como decía hace poco un político, aunque no exista Dios, hay que creer en él. Yo no creo en Dios, pero creo que hay algo superior. El hombre ha ido evolucionando y, de pronto, el cerebro humano ha desarrollado unas capacidades impresionantes. Pero, al mismo tiempo, hay unas reacciones terribles. Somos una especie, pero antes ha habido otras, y la nuestra también podría desaparecer. Es tal el enigma que ¿cómo no creer en algo que está por encima de nosotros? Crear también es acercarnos a ese misterio de lo que somos.
XL. ¿Falta preparación para los jóvenes en el arte?
R.C. Faltan humanidades. Se va hacia profesiones muy prácticas. No se disfrutan los museos porque hay una barrera de entendimiento y no lo penetran. Los guías tampoco lo explican bien.
XL. Probablemente, Goya sea más entendible hoy que cualquier artista contemporáneo...
R.C. Sí. Goya ha sido reivindicado por los realistas, por los románticos, por los impresionistas y por los abstractos. Fue un adelantado a su tiempo. La camisa blanca del fusilado en los Fusilamientos del 3 de mayo es una maravilla hecha con cuatro pinceladas. Sesenta años después, Manet pinta La ejecución del emperador Maximiliano y los soldados no transmiten esa tragedia.
XL. Se ha desprendido de su segunda vivienda en el sur, de un terreno… ¿Dónde irá este verano?
R.C. Sigo teniendo demasiadas cosas. Y este verano no sé dónde iré. Pienso en el día a día.
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