Jueves, 20 de Noviembre 2025, 15:54h
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Viena, 1847. El Hospital General huele a miasmas. O al menos eso creen los médicos que caminan por sus pasillos tapándose la nariz con pañuelos perfumados, convencidos de que el 'hedor hospitalario' es la causa de muchas enfermedades. Es un edificio enorme, con dos clínicas obstétricas separadas que albergan 400 camas cada una. Pero ocurre algo extraño: en la Primera Clínica, atendida por médicos y estudiantes de Medicina, una de cada seis mujeres que dan a luz muere pocos días después. En la Segunda Clínica, atendida por comadronas, apenas muere una de cada veinticinco.