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Miasmas: el olor que mataba a las madres

Grandes malentendidos de la ciencia

Miasmas: el olor que mataba a las madres

Los quirófanos del siglo XIX. La clínica Gross, pintada por Thomas Eakins en 1875, muestra cómo se realizaban las autopsias y las intervenciones sin higiene básica: ni guantes ni batas ni mascarillas... Las bacterias viajaban a placer.

Un olor nausebundo mataba a las parturientas. Esos letales efluvios eran los miasmas. Para evitarlos los médicos se protegían la nariz con pañuelos perfumados en lavanda o bergamota. El médico Ignaz Semmelweis fue quien descubrió en 1847 que la muerte podía evitarse simplemente lavándose las manos, pero no supo explicar por qué. Y ante el desdén de sus colegas terminó en un manicomio.

Jueves, 20 de Noviembre 2025, 15:54h

Tiempo de lectura: 7 min

Viena, 1847. El Hospital General huele a miasmas. O al menos eso creen los médicos que caminan por sus pasillos tapándose la nariz con pañuelos perfumados, convencidos de que el 'hedor hospitalario' es la causa de muchas enfermedades. Es un edificio enorme, con dos clínicas obstétricas separadas que albergan 400 camas cada una. Pero ocurre algo extraño: en la Primera Clínica, atendida por médicos y estudiantes de Medicina, una de cada seis mujeres que dan a luz muere pocos días después. En la Segunda Clínica, atendida por comadronas, apenas muere una de cada veinticinco.

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