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Caso Reiner: claves privadas del parricidio que ha sacudido Hollywood

Historia íntima de una familia rota

Caso Reiner: claves privadas del parricidio que ha sacudido Hollywood

Nick Reiner (primero por la izda.), de 32 años, junto a su hermana menor, Romy, de 29, y sus padres, Michelle y Rob, en una foto de septiembre de 2025.

El 14 de diciembre, Nick Reiner asesinó a sus padres a puñaladas. El crimen dejó en 'shock' a Hollywood y a medio mundo: Rob Reiner es el director de películas míticas como 'Cuando Harry encontró a Sally', 'Algunos hombres buenos', 'Misery'... La adicción a las drogas de su hijo era conocida, pero ahora se plantea otra posibilidad: que padeciese una esquizofrenia no tratada. Su salud mental será determinante para su condena, pero también para explicar lo inexplicable. El 23 de febrero comienza la vista.

Viernes, 23 de Enero 2026, 10:48h

Tiempo de lectura: 7 min

Cuando era niño, Nick sufría rabietas incontrolables y su padre tenía que abrazarlo con fuerza para que se calmara. Era el mediano de tres hermanos y nunca le faltó cariño familiar. De hecho, algunos amigos lo veían como «un niño mimado» y pensaban que sus pataletas –que se prolongaron hasta los 12 o los 13 años– se toleraban en exceso. Para sus padres, Nick era solo un niño difícil que necesitaba una atención especial. 

A los 14 años, Nick empezó a consumir drogas. Sus padres se enteraron cuando un amigo de su hijo acabó en el hospital después de tomar Percocet (un cóctel de oxicodona, paracetamol y Xanax). Años después, Nick reconocería que ya entonces no solo se colocaba con medicamentos –habituales en los botiquines de las grandes mansiones de Hollywood–, también robaba dinero en casa. En una ocasión, les quitó 200 dólares a sus padres para pagar a una prostituta y perder la virginidad.

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Se mascaba la tragedia. Nick Reiner (segundo por la izda.), de 32 años, entre su hermano mayor, Jake, de 34, y su hermana menor, Romy, de 29, junto a sus padres, Michelle y Rob, en una foto tomada en septiembre de 2025, dos meses antes del crimen.

El día que Nick cumplió 15 años, Rob y Michele lo enviaron a rehabilitación. Pero aquello no funcionó. En el centro compartía habitación con un heroinómano que se pasó cuatro meses contándole las maravillas de inyectarse, algo que «se me quedó grabado», dice Nick. Aunque salió aparentemente recuperado, no había cumplido aún los 17 cuando compró heroína por primera vez. Para cuando cumplió los 19 ya había estado en rehabilitación 18 veces. Poco después acabó viviendo en la calle. «No era divertido –contó en 2016–. Pero tenía que hacerlo si quería vivir a mi manera, sin asistir a terapias de desintoxicación».

A los 14 años, Nick empezó a consumir drogas con sus amigos; a los 17 se inyectó heroína por primera vez. Para cuando cumplió 19 años ya había estado 18 veces en rehabilitación

A veces, cuando parecía estar mejor, sus padres le permitían quedarse en la casa de invitados de su mansión, en el exclusivo barrio de Brentwood, en Los Ángeles. En 2018, Nick relató en un pódcast que, en una ocasión, destrozó parte de la propiedad familiar cuando sus padres lo amenazaron con echarlo si no dejaba las drogas. «Creo que iba colocado de cocaína y de algo más; llevaba días sin dormir –contó–. Empecé a golpear cosas… Lo rompí todo».

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El intento. Reiner y su hijo Nick en 2015, cuando promocionaban la película Being Charlie, un guion del propio Nick basado en su experiencia como adicto e hijo de un famoso. Rob creyó que ayudaría a Nick a superar su problema. La película no funcionó en taquilla. Tampoco en la vida real...

Rob Reiner nunca ocultó el problema de su hijo. En una ocasión explicó en The New Yorker su decepción con los programas de rehabilitación. «Psiquiatras expertos, con diplomas en la pared, nos dijeron que fuéramos firmes, que mandáramos a Nick lejos. Iba en contra de todos mis instintos, pero asumí ese papel, a pesar de que Nick insistía: 'Estos programas no me funcionan'. Deberíamos haber escuchado a nuestro hijo, pero nos decían que mentía, que nos engañaba».

Los cadáveres fueron encontrados por Romy, su hija, que enseguida señaló a su hermano como principal sospechoso. «Es peligroso», dijo a la policía

Aunque ningún terapeuta consideró que Nick tuviera otro problema más allá de la adicción, Rob estaba convencido de que había algo más: un trastorno mental. Llegó a preguntarse si podía tratarse de esquizofrenia, pero nadie parecía contemplarlo seriamente; y, en el fondo, los propios Reiner tampoco. En su casa seguían pesando que el cariño y el apoyo familiar eran el mejor bálsamo para su situación. 

Cuando Rob conoció a Michele

El matrimonio de Rob y Michele no podía ser más ejemplar. La pareja se conoció mientras Reiner dirigía Cuando Harry conoció a Sally, y fue Michele quien convirtió la película en un clásico y no en una rareza de cine independiente. El director, enamorado, modificó su sombrío final original, agregando el mítico discurso de la escena de la fiesta de Nochevieja: «Vine aquí esta noche porque, cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, quieres que el resto de tu vida comience lo antes posible». Michele, fotógrafa, hija de supervivientes del holocausto y activista comprometida, pronto se incorporó a la productora de Reiner y empezó a trabajar codo con codo con él. 

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Entrañable. Rob Reiner era muy querido en Hollywood. Hijo de un guionista y una actriz, creció rodeado de genios del espectáculo y comenzó a actuar de niño. Luego pasó a la dirección y se consagró con Cuando Harry encontró a Sally (en la foto, con sus protagonistas, Meg Ryan y Billy Crystal, uno de sus mejores amigos).

Tras pasar por el enésimo centro de rehabilitación, en 2015 los Reiner creyeron haber encontrado otra vía para ayudar a su hijo: respaldar su deseo de trabajar como guionista. Nick había escrito con su amigo Matt Elisofon –a quien conoció en rehabilitación– un libreto en el que ambos volcaban distintos fragmentos de su vida. Rob transformó ese material en Being Charlie, la historia de un chico adicto y su padre, una celebridad. La película no funcionó, pero Rob sostuvo que el proyecto los había acercado aún más. Nick, en cambio, no parecía compartir esa lectura. En un vídeo promocional de la película en el que aparecen los dos –y que hoy resulta doloroso ver–, Nick apenas habla. Y, cuando lo hace, su voz suena monótona y acusatoria: afirma que el guion nació como un «piloto para una comedia» que su padre despreció. Rob lo interrumpe, conciliador: «Simplemente sentí que podía profundizar más». Nick no se mueve un milímetro: «Sí, bueno… en realidad fue más bien: 'Tío, esto es una basura'».

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La detención. Nick fue detenido 24 horas después de asesinar a sus padres. Era sospechoso desde el primer momento. Las cámaras de seguridad lo muestran en una gasolinera comprando un refresco, a 24 kilómetros del lugar del crimen. No opuso resistencia a su detención.

Un par de años después, Nick reconocería que durante aquella gira de promoción no estaba sobrio. «Tienes que hacer lo que ellos quieren, vender todo el rollo padre-hijo –dijo–. Es repugnante». Sus palabras mostraban resentimiento, pero nadie podía imaginar cuánto.

La última fiesta

Los acontecimientos del 13 y 14 de diciembre pasados parecen sacados de una macabra película de David Lynch. Iba a ser un fin de semana estupendo. El viernes, Rob y Michele cenaron con la productora Maria Shriver, ex de Schwarzenegger. El sábado era la fiesta de Navidad del comediante Conan O'Brien, a la que siempre acuden grandes estrellas de Hollywood. El domingo había cena con Barack y Michelle Obama.

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Aislado. En su primera comparecencia ante un tribunal, Nick vestía un atuendo antisuicidio y no llevaba pantalones ni camisa. En esa misma vista, su abogado renunció a su defensa y su caso pasó a un abogado de oficio.

La pareja llegó a la fiesta de O'Brien acompañada de Nick. Estaban preocupados por él. Su hijo se había mudado otra vez a su casa de huéspedes. Nick llevaba sudadera con capucha entre una multitud de corbatas y vestidos de cóctel y se dedicó a molestar a los invitados. Cuando empezó a alzar la voz y a discutir con su padre, los tres Reiner abandonaron precipitadamente la fiesta.

Esa madrugada, Rob y Michele fueron apuñalados hasta la muerte. Nick se registró en un hotel cercano, en Santa Mónica, alrededor de las cuatro de la mañana. Cuando a la mañana siguiente el personal de limpieza entró en la habitación, encontró la ducha y la cama manchadas de sangre y la ventana cubierta con sábanas. Los cuerpos de los Reiner no fueron hallados hasta la tarde por su hija Romy, que no dudó en señalar a su hermano como sospechoso. «Es peligroso», dijo a la Policía.

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La mansión del crimen. Situada en el exclusivo barrio de Brentwood, en Los Ángeles, la mansión de los Reiner acabó convertida en el escenario de un escalofriante crimen. Allí Nick apuñaló de madrugada a sus padres hasta la muerte. Sus cuerpos no fueron hallados hasta la tarde del mismo día por su hija Romy.

Nick fue arrestado la noche siguiente mientras compraba un refresco en una gasolinera a 24 kilómetros de la ciudad. Las cámaras de seguridad lo muestran levantando las manos antes de ser esposado. Ingresado bajo vigilancia por riesgo de suicidio en el Centro Correccional Twin Towers, Nick ha permanecido allí desde entonces, recluido en la unidad de salud mental.

Ahora se ha sabido que, unas semanas antes, Nick había empezado a recibir tratamiento para la esquizofrenia; en su primera comparecencia ante un tribunal vestía un chaleco antisuicidio y no llevaba pantalones ni camisa. En esa primera audiencia, celebrada el 7 de enero, su prestigioso abogado, Alan Jackson, se retiró inesperadamente, dejando al acusado asistido solo por un abogado de oficio. La audiencia tuvo que posponerse hasta el 23 de febrero. Reiner se enfrenta a una cadena perpetua o la pena de muerte. 

Expertos legales creen que es muy difícil que alegar locura resulte exculpatorio en el Estado de California. «Hay que demostrar que el acusado desconoce la naturaleza y consecuencias de sus actos», explican los letrados consultados por la revista People, y «los jurados casi siempre rechazan esta línea de defensa». Además, la forma en que Rob y Michele murieron «sugiere un objetivo consciente de matar» y las acciones posteriores de Nick, como registrarse en un hotel, «muestran un nivel suficiente de consciencia». En cualquier caso, nadie sabe lo que pasó por su cabeza el 14 de diciembre; lo único que cabe plantearse ahora, comentan, es qué habría pasado si se hubiera abordado su problema como un severo trastorno de la personalidad y no solo como una adicción. Pero esa hipótesis ya no sirve para los Reiner, que durante años se aferraron a la idea –como sugiere Being Charlie– de que la situación de su hijo acabaría siendo controlable, de que aún había margen para la redención.