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Cristian Cercós es buzo profesional. Tras el naufragio ha abortado varias inmersiones. «El cerebro me estaba jugando malas pasadas».

Los supervivientes españoles reconstruyen el naufragio

Crucero infierno: once muertos, un yate de lujo y un día a la deriva

Hace un año, cinco españoles estuvieron a punto de morir en el mar Rojo. Formaban parte de un crucero de buceo que acabó en un naufragio con once muertos. Y no es un caso aislado. Más de quince barcos de este tipo se han hundido en Egipto en los últimos tres años ante el silencio y la ocultación de las autoridades. Hablamos con los supervivientes.

El barco se movía como un péndulo fuera de control. En la cubierta superior ataron mesas y sillas para que no salieran volando. La tripulación decía que en el mar Rojo era normal, pero yo sentía que ese movimiento era demasiado».

A sus 26 años, y con dos de experiencia en buceo, era la primera vez que Irene se embarcaba en una ruta de varios días ... de navegación. Viajaba con su pareja en el Sea Story, un yate turístico de lujo de cuatro cubiertas (cuatro plantas) y 44 metros de eslora. Habían salido de Ghalib, ciudad turística y puerto deportivo en la costa sur de Egipto, con treinta pasajeros a bordo –en su mayoría, buzos experimentados– y quince tripulantes. Unas vacaciones que prometían descanso y tres inmersiones diarias entre tortugas y arrecifes de coral. Pero el sueño cumplido pronto se tornó pesadilla.

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