
¿Tendencia o excentricidad?
¿Tendencia o excentricidad?
Miércoles, 02 de Abril 2025, 10:42h
Tiempo de lectura: 3 min
Toco es el seudónimo de un japonés anónimo que se gana la vida como youtuber. Cuenta que, desde niño, siempre tuvo claro lo que quería ser de mayor: un perro. Y no un mestizo cualquiera, sino un chucho con pedigrí. Toco está haciendo la transición a border collie gracias a un traje hiperrealista de piel y pelo sintéticos, confeccionado por la empresa de efectos especiales Zeppet. Come pienso, da la pata… Y una amiga lo saca a pasear con correa (no sabemos si vacunado). Quizá pronto muerda a un viandante, lo que sin duda dispararía los 21 millones de reproducciones que ya atesora en su canal.
Ahora, desde enero, Toco ha abierto en Tokio el Tokotoko Zoo, un lugar donde cualquier persona puede cumplir su deseo de convertirse en un perro, en concreto un malamute de Alaska, una raza seleccionada porque, por su tamaño, facilita una apariencia más realista al poder adaptarse a las diferentes complexiones del usuario. El traje ha sido diseñado al detalle para que permita mover la cola, abrir la boca... La intención de Toco es ampliar la oferta de disfraces en el futuro, incluyendo animales como pingüinos, delfines y osos polares.
Los de Toco no son unos disfraces cualquiera, sino un atuendo diseñado para lucir sobre todo en Instagram, TikTok… El hiperrealismo empezó como una evolución del fenómeno Cosplay, que consiste en disfrazarse de un personaje de cómic o película, pero se ha ido extendiendo más allá de esta subcultura, sobre todo entre la generación Z, los nacidos entre 1997 y 2012. Pero lo más notable es que el hiperrealismo ha saltado a la industria de la moda, desde la alta costura a la fast fashion…
La pionera, entre las grandes firmas, ha sido la española Loewe, que dedicó su colección de primavera-verano 2023 a Minecraft, un videojuego mítico en el que puedes construir un universo paralelo, ladrillo a ladrillo. Sus prendas pixeladas causaron tal sensación en la pasarela de París que Loewe se convirtió en la marca más popular del mundo en el segundo trimestre. Su director creativo, Jonathan Anderson, se pregunta: «¿Estamos cayendo dentro de la pantalla como Alicia a través del espejo? ¿Nos estamos convirtiendo en nuestros teléfonos?»
Son cuestiones de calado. Primero fue la posverdad, el huevo de serpiente que anidaba en los titulares mentirosos de las fake news. Luego la inteligencia artificial, que asaltó la frontera entre realidad y ficción con su verborrea salpicada de alucinaciones. Y ahora es el hiperrealismo, esa tierra de nadie entre el mundo analógico y el digital donde, según las marcas, prefieren vivir muchos ‘post-millennials’, dispuestos a vestir ropas diseñadas para hacerse virales.
Louis Vuitton, Iris van Herpen y las grandes botas rojas de MSCHF, que se venden como rosquillas a 350 dólares, también exploran esta confluencia entre dos mundos. El joven diseñador Andrea Albrizio ha dado un paso más, incluyendo un vestido físico con un código QR para desbloquear su extensión digital. Loewe insiste este otoño con una colección trampantojos (ilusiones ópticas), como unos vestidos tubulares que parecen descargados del metaverso. Incluso Zara vende prendas metamórficas: faldas presuntamente vaqueras que, en realidad, son de satén; y camisas con apariencia de chalecos. Ya nada es lo que parece; y nada lo será.