Tecnología
El ojo que todo lo ve... hasta las mentiras
El Tac XXL es un escáner capaz de sacar a la luz lo que nadie ve. Examina al milímetro bólidos, objetos enormes y desvela hasta las mentiras de la propaganda nazi.
La sala de alta energía, donde se encuentra el TAC XXL, es enorme. Tiene 400 metros cuadrados y paredes de tres metros de espesor. Si una persona estuviera expuesta a su radiación sin protección, moriría en unos pocos segundos.
Esta fuente de rayos X es sesenta veces más potente que la que se usa en medicina. El aparato pertenece al Instituto Fraunhofer (Alemania) ... y realiza tomografía computarizada a escala XXL. Desvela las entrañas de objetos de gran volumen y lo hace en tres dimensiones. Retrata el interior de un Ferrari o grandes contenedores.
Muestra incluso los detalles más pequeños con precisión absoluta. El TAC XXL no solo trabaja a lo grande, sino que, además, es uno de los superescáneres más exactos del mundo: ha desvelado los secretos más íntimos de instrumentos musicales antiguos y ha aportado información arqueológica inédita.
Sus rayos X son sesenta veces más potentes que los que se utilizan en medicina
«Lo que más me fascinó fue cuando hicimos la tomografía computarizada del cráneo fosilizado de 1,5 metros de largo de un Tyrannosaurus rex», dice Michael Salamon, uno de los ingenieros que maneja el TAC XXL. «Incluso descubrimos un hueso para el que no se había identificado previamente la posición precisa».
Patatas y momias
Su versatilidad es una gran ventaja de este super escáner. Por su mirilla han pasado plantas de maíz, para determinar cómo son sus métodos de fertilización; patatas; núcleos de hielo polar e incluso una momia peruana de más de 500 años de edad.
También se ha usado para confirmar errores históricos. Un ejemplo: el análisis del avión Me 163, que Messerschmitt desarrolló para Alemania en 1938, el primer avión militar jamás construido con un motor de cohete. Para los nazis era una de esas armas milagrosas que debían llevar a la victoria final que pregonaba su propaganda.
Pero los escáneres del instituto han confirmado que lo que realmente era el Me 163 era una bomba voladora. El piloto estaba sentado entre dos tanques con combustible altamente explosivo. No es de extrañar que muchos de estos aviones explotaran en el aire.
En Alemania solo hay dos ejemplares de este avión caza y por ello los investigadores hasta ahora se habían resistido a desarmar estas máquinas históricas. Las imágenes tomadas por el Instituto Fraunhofer, situado en Fürth, muestran que este avión que alcanzaba velocidades insólitas entonces –fue el primero en superar los 1000 kilómetros por hora– resultó ser más peligroso para los alemanes que para sus enemigos: murieron más pilotos de la Luftwaffe debido a fallos técnicos de la aeronave que a causa de sus combates aéreos.
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Carlos Manuel Sánchez