Fusión nuclear, todo el mundo quiere tener su propio sol
Revolución energética

Fusión nuclear, todo el mundo quiere tener su propio sol

Un chorro casi milagroso de energía limpia e inagotable, un sol construido en la tierra por el hombre que nos permita funcionar con el combustible de las estrellas. Ese es el sueño de la fusión nuclear. Países y compañías privadas compiten por ser el primero en desarrollarla. Detrás, los de siempre: China, Bezos, Gates, Google... Aunque, de momento, parece ir ganando el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL), de EE. UU, que por primera vez ha generado más energía que la usada para provocar la reacción, un paso de gigante hacia la fusión.

Lunes, 24 de enero 2022, 14:26

Imagine uno de esos imanes con forma de herradura, pero tan grande como un edificio de cinco plantas y capaz de hacer levitar a un portaaviones. ¿Lo visualiza? Piense ahora en un horno de microondas, también enorme, y tan potente que es capaz de calentar una sopa a 150 millones de grados, diez veces la temperatura del interior del Sol. Son dos ejemplos que sirven para hacerse una idea de los desafíos de ingeniería que supone la fusión nuclear, una vieja aspiración de los científicos desde los años sesenta. Aunque compartan el apellido 'nuclear', no hay que confundir a la fusión con la fisión. Esta consiste en separar los átomos de elementos pesados, como el uranio o el plutonio. Las centrales nucleares actuales son de fisión. Por el contrario, la fusión une los átomos de los elementos ligeros. Pues bien, nada más ligero y abundante en el universo que el hidrógeno. Si juntamos dos átomos de hidrógeno (y aplicamos una presión y una temperatura descomunales), se funden y forman un átomo más pesado: el helio. Y este proceso libera energía. ¿Cuánta? Un gramo de este combustible produce tanta como ocho toneladas de petróleo. Sin emisiones de carbono y sin peligro de accidentes radiactivos, aunque es cierto que se liberan unos cuantos neutrones que se estrellan contra las paredes del reactor y, al cabo de un siglo, hay que cambiarlas porque se degradan. En cuanto a la radiactividad, más o menos es la que se produce en un tratamiento de radioterapia contra el cáncer.

El sol artificial de Bill Gates. El ingeniero madrileño Pablo Rodríguez-Fernández trabaja en el reactor tokamak SPARC, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (Boston), un proyecto de fusión nuclear respaldado por Bill Gates.

Humor de físicos

En teoría, ya podríamos estar disfrutando de este chollo energético porque entendemos sus fundamentos. En la práctica, todo son complicaciones. Tantas que los físicos solían ... contar un chiste: «Estamos a treinta años de la fusión nuclear... y siempre lo estaremos». El principal escollo es que no salen las cuentas. Hasta la fecha, para encender el 'sol artificial' y mantener el plasma caliente y confinado hace falta mucha más energía que la que se llegará a liberar. Es decir, el rendimiento neto es negativo. Pero hoy nadie hace chistes. «Los avances tecnológicos y la inversión privada indican que va a ocurrir mucho antes de lo que esperábamos. En esta década tendremos prototipos funcionando y antes de 2035 habrá plantas comerciales de producción eléctrica por fusión», asegura Pablo Rodríguez-Fernández, ingeniero madrileño en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Boston, donde participa en uno de los proyectos que lideran la carrera mundial, el tokamak (como se conoce al tipo más común de estos reactores) SPARC, que desarrolla la empresa Commonwealth Fusion Systems con el MIT y que está respaldado por Bill Gates.

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