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Patente de corso

Tuteando a Watson

Arturo Pérez-Reverte

La cosa no es de hoy, porque lleva tiempo. No hace muchos años, mientras asistía al rodaje de una película basada en una novela mía, advertí que el actor –un buen actor– que encarnaba a un conde del siglo XVII, grande de España, agradecía con una inclinación de cabeza que un criado le sirviera una copa de vino. Me atreví a intervenir para explicar al actor y al director que un noble de entonces no sólo no habría agradecido nada a nadie, sino que se habría limitado a alargar una mano a un lado, altivo e indiferente, y le habrían puesto la copa en ella.

Lo he recordado viendo una película en cuyos subtítulos en español –no en la versión original, sino en su traducción– Sherlock Holmes habla de tú ... al doctor Watson, y viceversa: «Pásame el tabaco, Watson». «Ahí lo tienes, Holmes». Y cosas así. No se trata de la magnífica serie Sherlock protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, donde traídos al presente ambos personajes se tratan de modo natural, sino de una historia ambientada en la Inglaterra del XIX. Como supongo le ocurrirá a cualquier devoto del inmortal detective, eso me chirrió hasta lo doloroso, acostumbrado como estoy a las correctas maneras de los personajes de Conan Doyle, tan propios de su tiempo, que no se tutean jamás.

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