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Reinos de humo

De la estirpe del círculo

Benjamín Lana

En el mundo hay dos tipos de personas: las que creen en la línea y las que creen en el círculo. Las primeras solo entienden el camino hacia delante y la búsqueda en el futuro. Las segundas se mueven como los astros y las estaciones, convencidas de que todo regresa y lo que fue será. Para ellas es ineludible rescatar el pasado, eso que ya solo existe en los recuerdos fijados en las mentes o los libros amarillentos, porque saben que será imprescindible conocerlo para garantizar un buen futuro.

Hay personas que llegan un día, con la determinación que les otorga su fe en el círculo, a ser capaces de rescatar historias, especies o geografías imaginarias del pasado y convertirlas en productos de radical modernidad.

Con sus platos y su trabajo de ocho años han rescatado la historia de una pequeña comunidad, ensalzado su memoria y mostrado su territorio tribal de la montaña

Leo con detenimiento el libro del restaurante Arrea!, publicado hace unos meses, y siento que Edorta Lamo, su familia y su equipo han logrado uno de esos fenómenos extraordinarios a los que me refería. Con sus platos y su trabajo de ocho años no solo han rescatado la historia de una pequeña comunidad, ensalzado su memoria y mostrado su territorio tribal de la montaña alavesa, sino que han logrado que todo unido —las gentes y su mundo— se muestre como un tótem, más allá de que la herramienta para tallarlo haya sido un restaurante.

Las estaciones y los platos están emparentados porque también pertenecen a la estirpe del círculo. En el libro se van sucediendo en voz baja, como si nos contasen la historia sentados junto al fuego con un vaso de vino entre las manos. Al carbón de encina le ha sentado bien la tinta.

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