El marisco se ha convertido en un producto imprescindible en las mesas de Navidad. España, por variedad y por calidad, es el paraíso de estos frutos del mar. En todas las costas que rodean la Península se capturan crustáceos y moluscos para todos los gustos y bolsillos. Entre ellos, el centollo, que para muchos es el rey por su intenso sabor y por la textura de su carne. Además, resulta el más 'social' de todos porque se comparte en la mesa.
En estos días de diciembre el centollo está en su mejor momento, especialmente los que se capturan en las costas gallegas y asturianas, más apreciados ... que los que llegan de Francia o Irlanda, con un color menos intenso. Como ocurre con otros mariscos, pero en este caso de manera más acusada, las hembras, las centollas, son más sabrosas. Se cuecen en agua con sal, introduciéndolos vivos en la cacerola cuando el agua aún está fría (siempre que se disponga de un fuego fuerte) y se dejan hervir entre veinte minutos y media hora dependiendo de su tamaño.
Los mejores centollos que he comido en mi vida me los han servido en Finisterre, donde se encuentran bichos excepcionales. Recuerdo especialmente dos piezas por encima de tres kilos, bien llenas, que nos prepararon en la marisquería Don Percebe. En la misma localidad tiene merecida fama un sitio cuyo nombre lo dice todo: O Centolo. Sobresalientes también los centollos de Rías de Galicia, en Barcelona; o los de Rafa, O’Pazo y Burela, en Madrid.
Sobre la firma
Colaborador
Carlos Maribona, periodista. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el diario ABC, del que llegó a ser subdirector. En la actualidad es el crítico gastronómico del diario. Columnista también en XL Semanal de Vocento. Profesor de la Universidad San Pablo CEU. Premio Nacional de Gastronomía entre otros muchos galardones.
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