Corría el año de 1839 cuando Èmile Huguenin, después conocido como Èmile Lhardy, abría en la carrera de San Jerónimo de Madrid la primera pastelería elegante de la capital, a la que seguiría más tarde un restaurante, el primero en España al estilo francés, con precios fijos, minutas escritas y mesas separadas.
Todavía en aquel año toreaba Cúchares, había aguadores por las calles y los generales Maroto y Espartero acababan de darse el Abrazo de Vergara. Con ... su vistosa fachada en caoba de Cuba y sus señoriales salones, Lhardy es historia de la gastronomía, pero también de la vida social, artística y política madrileña.
Tras una larga decadencia que hacía temer lo peor, el grupo Pescaderías Coruñesas lo adquirió el año pasado y le ha devuelto su antiguo esplendor. Los legendarios salones (Isabelino, Japonés, Blanco…) donde se escribieron tantas páginas históricas han sido minuciosamente restaurados, las grandes lámparas de cristal vuelven a lucir, de los almacenes se han recuperado piezas únicas, desde fuentes a cuberterías, y el nivel de cocina regresa a donde solía, con esos platos entre castizos y clásicos que dieron renombre a la casa, desde el consomé servido en el samovar de plata y las barquetas de riñones de la tienda de la entrada, hasta los callos, el pato a la naranja o el suflé que forman parte de la carta. Lhardy ha recuperado su espíritu fundacional. Su larga historia sigue viva.
Sobre la firma
Colaborador
Carlos Maribona, periodista. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el diario ABC, del que llegó a ser subdirector. En la actualidad es el crítico gastronómico del diario. Columnista también en XL Semanal de Vocento. Profesor de la Universidad San Pablo CEU. Premio Nacional de Gastronomía entre otros muchos galardones.
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