Hay tres cosas sobre las que, a riesgo de parecer muy pesado, no me canso de insistir, aunque sea con escaso éxito. Una es la presencia de los manteles en las mesas, de las que están siendo desterrados por una absurda moda. La segunda, la petición de que se preparen arroces para una persona, algo que ocurre en sitios muy contados. Y la tercera, la reivindicación del agua del grifo en los restaurantes.
Me van a permitir que vuelva, una vez más, sobre este tema. Acabo de estar un par de semanas en Estados Unidos y he vuelto ... a comprobar que en cualquier restaurante, desde el más lujoso hasta la más modesta hamburguesería, lo primero que hace el camarero, tras darnos la bienvenida, es servir a cada comensal, sin más preguntas, un gran vaso de agua con hielo. Agua que se va reponiendo a lo largo de la comida sin necesidad de pedirla y que es gratuita.
Si el cliente la quiere con gas o prefiere una embotellada, ya es otra historia. Todo lo contrario de lo que ocurre en España, donde la primera pregunta es sobre el agua, con gas o sin él. Servida en una botella que se factura convenientemente al final. En algunos restaurantes lo que se sirve es una frasca de agua filtrada por una máquina, agua que también se suele cobrar al final. Entendible donde el agua del grifo no es muy buena. Pero donde lo es no tengamos vergüenza de pedir una jarra en la mesa. Más económico y más ecológico.
Sobre la firma
Colaborador
Carlos Maribona, periodista. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el diario ABC, del que llegó a ser subdirector. En la actualidad es el crítico gastronómico del diario. Columnista también en XL Semanal de Vocento. Profesor de la Universidad San Pablo CEU. Premio Nacional de Gastronomía entre otros muchos galardones.
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