Hotel de lujo en la Costa del Sol. Agradable restaurante de cocina mediterránea con preciosas vistas en altura: todo alrededor campos de golf y, al fondo, el mar. Pedimos algunos platos de la carta para hacer una comida ligera de mediodía. Entre ellos el zoque malagueño, una variante del gazpacho de la que había oído hablar, pero que nunca había probado. En este caso, el cocinero le había añadido unos trozos de caballa. Muy rico.
Mientras esperábamos a que nos lo sirvieran, llegó la camarera con el aperitivo. Sorpresa. Se trataba de un tomate. Simplemente un tomate. Entero, presentado sobre ... una tabla, con un cuchillo de hoja bien afilada y un pequeño recipiente con sal Maldon al lado. En la mesa ya estaba desde el principio una botella de buen aceite de oliva virgen extra de la variedad picual procedente de Priego, en Córdoba. Máxima sencillez para el mejor de los aperitivos. Cortarlo al gusto, sazonarlo ligeramente, añadir unas gotas de aceite y listo.
Claro que para atreverse a presentar un tomate así la calidad tiene que estar garantizada. Este procedía de Coín, la capital del Valle del Guadalhorce, cuyas huertas son célebres por la excelencia de los que allí cultivan. Y este, desde luego, hacía honor a su fama. Ya ven. Sólo un tomate. Por cierto, el restaurante se llama La Loggia, y está en el magnífico hotel Anantara Villa Padierna, en Benahabís.
Sobre la firma
Colaborador
Carlos Maribona, periodista. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el diario ABC, del que llegó a ser subdirector. En la actualidad es el crítico gastronómico del diario. Columnista también en XL Semanal de Vocento. Profesor de la Universidad San Pablo CEU. Premio Nacional de Gastronomía entre otros muchos galardones.
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