De frío habla uno de nuestros lectores al referirse a Groenlandia como símbolo de esa ola que recorre el mundo amenazando los precarios mimbres de ... civilización que con el esfuerzo de milenios, y la lucidez de algunas de las mejores cabezas que la humanidad ha dado (entre ellas, la de un burgalés, Francisco de Vitoria, y la de un holandés de Delft, Hugo de Groot o Grocio), habíamos logrado entrelazar. El derecho internacional, que se sustenta en principios y en la razón –y para Vitoria, también en la fe–, y que conlleva reconocer la dignidad de todo hombre y toda comunidad humana por solo el hecho de serlo, parece haber saltado en pedazos a manos de quienes invocan la fuerza como primera y última legitimidad. Eso no nos arroja solo al frío. Nos lleva a una nueva Era de Hielo. Avisados estamos.
Soporte de tantas generaciones, el papel se nos está apagando en silencio. En sus hojas viajaban historias, conocimientos y emociones que hacían más fácil la transmisión de la experiencia humana. Leer en papel era un acto sensorial: el olor de las páginas, el sonido al pasarlas, el placer de acariciarlas. Hoy las pantallas ocupan su lugar. Son prácticas y veloces, pero frías. No huelen, no suenan, cansan la vista y nos empujan a una lectura apresurada, llena de enlaces y distracciones. Antes, los libros, periódicos y encuadernaciones llenaban paredes enteras y hablaban del saber y del tamaño y precio de la vivienda: quien podía permitirse más metros, también más biblioteca. Hoy, con pisos cada vez más caros y reducidos, el espacio físico para los libros se sacrifica y la pantalla se convierte en el símbolo obligado de los minipisos del futuro. Quizá el porvenir sea inevitablemente digital, pero convendría no olvidar que cada soporte refleja un modo de vida. El papel recordaba un tiempo más pausado y tangible; las pantallas, la prisa de una época que corre el riesgo de leer mucho… y comprender menos. ¿Asimilaremos este cambio, en un cerebro que ocupa el mismo espacio ayer, hoy y mañana? | Pedro Marín Usón. Zaragoza
De pequeño, al oír la palabra Groenlandia, siempre me venía a la cabeza Los viajes de Gulliver. Me sonaba a país de cuento. Ya de joven, comencé a aceptar que Groenlandia era una inmensidad helada con muy pocos habitantes. Luego supe de sus características, de su relación con Dinamarca, parte de Europa. Hoy sé algo más: Groenlandia, se escribirá en el futuro, fue el lugar donde se dejó inoperativa la democracia, donde se profanaron los valores democráticos. El polo opuesto de un modo de ser. El lugar donde nos rendimos. Después de aquello, se escribirá, llegó el frío. Mucho frío. | Francisco García Castro. Estepona (Málaga)
El bullying es una forma de violencia repetida y deliberada entre compañeros, donde uno o varios agresores hostigan a una víctima que se encuentra en una posición de desventaja, usando el abuso de poder a través de maltrato físico, verbal, psicológico o social. Es la situación que se repite siempre: el fuerte ataca al débil. Y no solo se produce entre escolares. También entre países poderosos y otros que no lo son tanto, cuando estos poseen algo que los primeros quieren. Esto es ya muy grave, pero que los países no afectados directamente por el abuso no hagan nada lo agrava aún más. Entre los diversos países del mundo se dan situaciones similares al bullying escolar, a diferencia de que el patio de recreo es el mundo, y los abusones, en lugar de niños que aún no son conscientes del daño que causan a sus otros, son potencias con gran poder, gobernadas por dirigentes que saben perfectamente lo que hacen. | Zigor Eguia. Elgoibar (Guipúzcoa)
El próximo año, a la incertidumbre derivada de los conflictos bélicos y de los desafíos geopolíticos, económicos, sanitarios, medioambientales y tecnológicos, se añade una creciente preocupación por la delincuencia y la inseguridad ciudadana, un sistema de salud y dependencia con listas de espera excesivas... Aunque las pensiones contributivas subirán un 2,7%, en línea con la inflación media de 2025, este incremento no compensa el encarecimiento real de los bienes básicos ni la continua erosión de los ahorros. Muchos mayores seguirán cuidando a familiares y ayudando económicamente a descendientes afectados por el paro, los salarios precarios y la dificultad de acceso a la vivienda. Ante el riesgo de recortes en los servicios sociales y de una mayor presión fiscal a la clase media para contener una deuda pública desbordada, los mayores estoicamente debemos apostar por el envejecimiento activo, el empoderamiento y la defensa del poder adquisitivo y del Estado de bienestar. Y, disfrutando de la vida con sentido, propósito e ilusión. | Fernando Serrano Echeverria. Eibar (Guipúzcoa)
Leo por curiosidad, ya que me llama la atención, el enunciado de la presentación de un libro: «La familia es la primera catástrofe de la vida». En él se narra el de una familia conservadora, y el protagonista es el hijo que tarda en reaccionar 41 años, para salir de su casa, y huir de un padre totalitario, que no permitía que hubiera teléfono en su casa, y cuya esposa prefería lavarse los dientes con agua del WC, antes que pedirle a su marido que volviera a abrir la llave del agua, ya cerrada, por un inminente viaje. Como mujer conservadora, pienso que esta familia arrastraba un desequilibrio mental, y hacer creer, para vender libros, que ese retrato es inherente a todas las familias conservadoras, es lo más miserable e ignominioso que existe y muestra la patología de dependencia por cobardía e incapacidad de enfrentarse por sí solos a la vida del hijo y de la madre. Una familia conservadora es estabilidad, seguridad, orden, respeto, unidad, lealtad, disciplina, principios, responsabilidad y obediencia hacia los padres; pero nunca miedo. Cada miembro sabe que tiene que aportar su granito de arena, porque el bien de un miembro es el bien de todos. La familia no es nunca una catástrofe, sino una bendición; la catástrofe, son las personas que pretenden formarla sin ser aptos para ella. | Rosa Machí Prat. Valencia
¿Por qué la he elegido…? Porque abrazarse, cada día que pasa, es, en efecto, un gesto más radical y revolucionario
Juan Genovés pintó en 1976 un lienzo símbolo de la Transición y la reconciliación tras la dictadura. También hay una escultura en Madrid, adaptación del cuadro, en recuerdo de las víctimas de la matanza de Atocha de 1977. Después de estas fiestas, una tiende a pensar que la vida tiene un importante componente de paz, alegría, cordialidad, amistad y amor. Hace unos días observé en el centro de mi ciudad a dos amigos que al encontrarse se abrazaban con efusividad, serían de mi edad: sesentones o boomers. Me alegró mucho y noté lo extraño de ello. Hacía tiempo que no veía algo tan cotidiano como abrazarse en plena calle. Los tiempos han cambiado tanto que resulta incomprensible no estar pegados al móvil, conectados y a la vez aislados. Quizá esta sea la nueva revolución: la del contacto, la cercanía, el abrazo. Puede que sea el tiempo de tejer entre todos una sociedad donde reine la esperanza.
Victoria Lalanza Tejada. Zaragoza
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Articulista de Opinión
Lorenzo Silva es escritor y columnista español conocido especialmente por sus novelas policíacas protagonziadas por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Ganador del Premio Nadal y del Premio Planeta
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