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El bloc del cartero

Sexualidades

Lorenzo Silva

Hace tiempo que disponemos de indicios de que algo muy serio estÔ fallando en la educación sexual de la población. No solo en las nuevas generaciones, porque no son exclusivos de ellas los comportamientos que causan o deberían causar fundada alarma. Plantea una lectora que la raíz del mal, entre otras razones, podría estar en la falta de consenso social sobre cómo, cuÔndo y dónde facilitar a las personas una pauta para esta dimensión de la condición humana, en la que no puede negarse al individuo la libertad de elección, pero donde esta no puede llegar al extremo de prescindir, por acción, omisión o ignorancia interesada, de los sentimientos y de la dignidad de los demÔs. No es asunto banal para el debate ni cuestión desdeñable para quienes aspiran a gobernarnos. Aunque prefieran dejarla desatendida.

titulosecundario titular="Las cartas de los lectores

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La ausencia llena de vacĆ­o

¿Sabes? Tu foto la tengo encima de mi mesita. Cada día, antes de irme a dormir, ... te miro un rato. Creo que en ella tenías 20 o 21 años, no lo recuerdo bien. Aún estabas acabando la carrera de Magisterio. Recuerdo que estabas muy ilusionada con las prÔcticas que ibas a realizar en un colegio de las afueras de Barcelona. Recuerdo que me hablabas sobre las teorías de la educación y la pedagogía de Aristóteles, de Piaget, de Vygotsky, de Celentin Freinet, de Paulo Freire y yo qué sé quiénes mÔs. Y yo te escuchaba con embeleso. Recuerdo que cuando volviste de tu prÔctica en el Centro estabas muy triste porque te había ido fatal: te había tocado una clase muy difícil, con niños procedentes de familias desestructuradas y pensabas que no valías como profesora y lo querías dejar y yo trataba de darte Ônimos. Te decía que no te rindieras tan pronto, que todo requiere un aprendizaje. ”Ay! Paso revista a la reluciente piel de tu cara, a tus grandes y negros ojos, a tu limpia mirada, a tu largo y sedoso pelo, a la boca que tanto besé, a la redondez de tu nariz y vuelvo a sentir aquellas ganas de protegerte. Estaba tan enamorado que me hubiera enfrentado a un elefante por salvarte. Cuando te fuiste después de tu larga enfermedad, me dejaste un agujero tan dentro de mí que ni siquiera la montaña era capaz de llenarlo. Tu ausencia llenó de vacío lo que solo tú completabas... En fin, buenas noches, mi amor, que duermas bien.

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