Volver

PATENTE DE CORSO

Esos niños a caballo

Arturo Pérez-Reverte

Creo que me estoy ablandando con la edad. Lo confieso. Seguramente porque hace un par de meses cumplí los sesenta y siete tacos de almanaque - ... aunque ya apenas existen los almanaques de taco, que ésa es otra-, hay ciertas cosas en las que empiezo a sentirme más blandiblub que de costumbre. Es una situación incómoda, háganse cargo, para los que durante toda la vida hemos ido de tipos duros, en plan de comernos las balas sin pelar. Cierto es que nadie resulta perfecto, claro. Por mucho que lo procure. Los perros, los niños y los ancianos siempre me produjeron humedades sensibles, aunque con matices. Los ancianos, por ejemplo -ya estoy cerca de serlo-, me causan ternura por su indefensión. En momentos complicados de mi vida vi a ancianos abrumados por la tragedia y la violencia, y no es un recuerdo grato. Pero siempre quedó y queda el vago consuelo de pensar que ellos mismos fueron jóvenes en otro tiempo, quizá alguno tan malvado como los responsables hoy de su desgracia, y tal vez culpable, también, del mundo y las gentes que ahora lo maltratan.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Esos niños a caballo

[]

Esos niños a caballo