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PATENTE DE CORSO

Forenses de las palabras

Arturo Pérez-Reverte

Me van ustedes a perdonar, pero cada vez que leo algo como «Todas las lenguas contarían con una operación binaria del tipo SX+SY- ... SZ en la que cualquier unidad sintáctica no-simple es descomponible en dos partes» me cisco en los muertos más frescos de los ministros de Educación de las últimas dos o tres décadas. Y tengo motivos. A mi generación escolar y a otras que vinieron luego, que yo recuerde, no nos fue tan mal en afilar la herramienta de hablar con corrección y escribir de modo razonable. Estudiar lengua y literatura en el colegio era conocer la ortografía y la gramática en lo imprescindible de ambas; comprender sus reglas básicas y ejercitarnos en su aplicación práctica. Un poquito de latín, incluso, ayudaba: traducir a César o a Cicerón durante un par de cursos aproximaba mejor a los mecanismos de la lengua española. Ordenaba y serenaba la cabeza.

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