Animales de compañía
Enfermos resilientes
En diversas ocasiones hemos señalado cómo las ideologías modernas, con sus negociados de izquierdas y derechas, han acabado siendo rediles para apacentar gentes alienadas. Y, una vez encerradas en esos rediles ideológicos, resulta fácil manipular a esas gentes alienadas hasta extremos inconcebibles, convirtiéndolas en masa pauloviana que reaccionará fervientemente a los dictados y consignas procedentes del negociado ideológico al que se ha adscrito, aunque le perjudiquen gravemente.
Con una medida tan 'progresista', se genera mala conciencia en el trabajador enfermo
A la postre, las ideologías modernas no son sino mecanismos de control social que permiten pastorear a las gentes. Por control social entendemos los mecanismos ... sibilinos de psicología de masas que logran el sometimiento de las conciencias a los paradigmas culturales sistémicos necesarios para mantener la dominación del reinado plutocrático mundial. En este sentido, resulta indiscutible que los partidos adscritos al negociado de izquierdas resultan infinitamente más provechosos para esta dominación; pues pueden impulsar las medidas que favorecen la explotación disfrazadas entre consignas progresistas y evitando algaradas, manifestaciones y protestas. Algunas de estas medidas son tan hediondas y dañinas, tan descaradamente lesivas de la dignidad humana, que resulta por completo desquiciado que las puedan presentar como benéficas ante las masas cretinizadas; pero las masas cretinizadas las acatan como si tal cosa, en medio de una paz social tan sepulcral como la mismísima paz de los cementerios.
Así ha ocurrido, por ejemplo, con un anuncio gubernativo que pretende reformar el estatuto de las bajas laborales, para que, si así lo desean, puedan incorporarse a su puesto trabajadores con enfermedades que no disminuyan sus capacidades (enfermos de cáncer o convalecientes de alguna lesión, por ejemplo). Detrás de tan desquiciada medida se halla, sin duda, el problema de la proliferación de bajas laborales fraudulentas, que tan alto coste tiene tanto para las empresas como para la Seguridad Social. Pero este 'absentismo laboral' debe combatirse mediante mecanismos de control eficaces que castiguen a los enfermos imaginarios (y también a los médicos que les conceden o prolongan la baja por lenidad o negligencia), no chantajeando emocionalmente a los enfermos que padecen una salud mermada o luchan contra las secuelas de sus afecciones.
Pues, evidentemente, con una medida tan 'progresista' se pretende, sobre todo, generar mala conciencia en el trabajador enfermo, a quien se le instila la idea capciosa de que está disfrutando de un privilegio indebido, a la vez que se le invita a aceptar su desgracia como una oportunidad inmejorable para mostrarse útil y productivo. Se trata, en fin, de formar trabajadores 'resilientes' que asuman aquella «servidumbre voluntaria» a la que se refería La Boétie en su célebre discurso; sólo que ahora quien nos somete a esta 'servidumbre voluntaria' a la vez tiene la habilidad socarrona de hacernos creer que lo hace en nuestro beneficio, para que nos 'sintamos' útiles a la sociedad, sobreponiéndonos a las penurias que aplastan nuestra vida, haciendo 'de la necesidad virtud' y siempre, por supuesto, manteniendo una 'actitud positiva' ante la adversidad.
Esta medida tan progresista que nos propone 'bajas flexibles' debería acompañarse, para que nadie dude de sus efectos benéficos, de 'charlas motivacionales' a los enfermos que se podrían encargar a esos mamelucos que escriben libros de autoayuda. En dichas charlas se podrían mostrar las ventajas para la salud de trabajar estando enfermos, sus efectos euforizantes y lenitivos del dolor, las posibilidades infinitas de 'crecimiento personal' que nos brinda trabajar desde la cama con la pata quebrada, o con una fiebre de nada que nos permite ser más intuitivos y arrojados, o entre sesión y sesión de quimioterapia, de tal modo que la enfermedad se convierta en una oportunidad para 'reducir la negatividad' y convertirnos en 'emprendedores' capaces de sobreponerse a las dificultades.
El magnánimo gobierno progresista que ahora nos invita a disfrutar de 'bajas flexibles' antes nos impuso una 'jubilación flexible' que nos permite trabajar hasta la tumba, a la vez que nos impide cobrar una pensión si antes no hemos cotizado durante treinta y siete años. Tal vez pronto nos propongan un 'sueldo flexible' que sólo podamos cobrar plenamente una vez que hayamos demostrado nuestro grado de 'resiliencia'. Y todo ello mientras disfrutamos de una opípara paz social. Pero ya nos advertía Simone Weil que la misión de las ideologías, con sus negociados de izquierdas y derechas, no es otra sino aniquilar el juicio crítico de los pueblos.