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Animales de compañía

¿Espejo del alma?

Juan Manuel de Prada

La sentencia, que formuló sintéticamente Cicerón, se ha convertido casi en refrán: «La cara es el espejo del alma». Y todos tendemos a concederle crédito, en mayor o menor medida, a veces de forma más instintiva que razonada. A nadie se le escapa que nuestro rostro, en efecto, refleja delatoramente nuestras emociones –enfado o alegría, sorpresa o recelo–, a veces de manera tan fugitiva y sutil que puede pasar inadvertida para nosotros mismos… pero no para quienes nos contemplan, que de inmediato pueden figurarse nuestro estado de ánimo. También los médicos (siquiera cuando los médicos todavía tenían 'ojo clínico' y no se limitaban a aplicar rutinariamente 'protocolos') solían fiarse de la expresión de la cara del enfermo para decretar la enfermedad que lo aquejaba.

Podría decirse que la belleza o fealdad exterior son velos, y no espejos del alma

Así que la cara, hasta cierto punto, puede en efecto ser espejo del alma, revelando estados anímicos o alteraciones de la salud. Pero estas trazas ... de vida interior que podemos atisbar o barruntar en el rostro nos llevan con frecuencia –de forma casi intuitiva– a vincular también el carácter o las prendas morales de una persona a la disposición de sus facciones, como si el rostro pudiera revelar nuestra identidad más profunda. Durante siglos, se ha considerado intuitivamente que existe una correlación entre nuestra fisonomía y nuestro ser íntimo; y de esa intuición se ha tratado de hacer una ciencia. Se hizo en la Antigüedad y se ha hecho en fechas mucho más recientes. En el tratado titulado Fisiognomía, escrito por un discípulo de Aristóteles, podemos leer, por ejemplo, que «los que tienen el rostro carnoso son perezosos» y que, en cambio, «los que lo tienen enjuto son diligentes»; también que «quienes tienen la cara pequeña son mezquinos, como los gatos y los monos» y «torpes los que la tienen grande, como asnos y bueyes». Y, en general, para este Pseudo-Aristóteles, quienes tienen facciones desproporcionadas son viles, frente a quienes las tienen proporcionadas, que serían justos y valerosos.

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