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'Izquierda' ultraderechista

Viernes, 29 de agosto 2025, 09:34

Basta estudiar la evolución de las ideologías modernas, completamente turulata y delirante, para confirmar que son una engañifa completa. Reparemos, por ejemplo, en la evolución de la llamada 'izquierda', que en otro tiempo se distinguía –incluso cuando no se proclamaba marxista– por una interpretación de la historia humana a través de las condiciones materiales de vida, especialmente a través de las relaciones económicas y de producción. Para un izquierdista, el cambio político –revolucionario o reformista– era siempre resultado de conflictos de clase que permitían transformar las relaciones económicas. Por supuesto, esta visión materialista admite muchas críticas, pues la realidad humana no es puramente material y las decisiones humanas no están guiadas tan sólo por los medios de producción. En el fondo de la filosofía materialista hay un ciego determinismo que parece prescindir de lo que Graham Greene llamaba «factor humano» (y que, a la postre, no es otra cosa sino libre albedrío); pues son muchas las decisiones que adoptamos, las ideas que concebimos, las actitudes que adoptamos, que sólo se explican porque somos seres espirituales.

Abrazada al idealismo, la 'izquierda' se ha vuelto una fuerza que va más allá de la derecha

El materialismo que durante mucho tiempo vertebró a las izquierdas era muy beligerante contra la religión porque la consideraba –erróneamente– una forma de alienación humana ... que desvincula a las personas de las realidades materiales que moldean sus vidas. Y, desde luego, abominaba de toda forma de idealismo, por ignorar las condiciones concretas de la existencia humana (la lucha de clases, las desigualdades económicas, etcétera), fomentando un escapismo incompatible con el impulso revolucionario. Para Marx, todo idealismo se convierte, tarde o temprano, en «opio del pueblo», porque prioriza las ideas que nos formamos de las cosas sobre las condiciones materiales de opresión en las que vivimos; lo cual suele desembocar en un cierto conformismo ante las desigualdades. Especialmente crítico se mostraba Marx con el idealismo de Berkeley, que sostenía que la realidad de las cosas depende de la percepción del sujeto («ser es ser percibido»); ocurrencia que se le antojaba aberrante, pues a su juicio fiar las realidades materiales de la vida a nuestra 'percepción' conducía a un ensimismamiento individualista que incapacitaba para la lucha de clases.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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