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Animales de compañía

Una piedra de toque

Juan Manuel de Prada

En algún pasaje de su libro Ortodoxia, Chesterton observa que las objeciones que se le hacen al cristianismo son contradictorias entre sí: mientras unos lo consideran una religión triste y pesimista, otros lo repudian por su optimismo desaforado; mientras unos abominan de él por su violencia airada, otros lo desestiman por su pacifismo bobalicón; mientras unos lo consideran demasiado elaborado intelectualmente, otros se burlan de él por ponerse al nivel de los idiotas. Una religión que concita críticas tan contradictorias –concluye Chesterton–, en caso de tratarse de un error, debe ser un error craso, monstruoso, mastodóntico; o, por el contrario, ser la piedra de toque en la que todos los errores concebibles por el ser humano se tropiezan, como ante una pared inconmovible.

Es la fórmula infalible que los manipuladores sociales y los capataces sistémicos han hallado para mantener engañada a la gente

En otro pasaje de su obra, Chesterton lamenta que los hombres no seamos más longevos, para poder constatar que las ideas a las que tributamos ... nuestro fervor a la postre se prueban errores. En efecto, si viviéramos doscientos o trescientos años, al estilo de las ballenas, podríamos descubrir fácilmente que las ideas que nos entusiasmaron en la juventud se han quedado por completo obsoletas, que los adelantos técnicos que nos deslumbraron han devenido cacharros ridículos, que las nuevas fórmulas políticas que suscitaron nuestro arrobo se han probado ineficaces y malignas. Viviendo setenta u ochenta años (en el mejor de los casos), los hombres no tenemos ocasión de comprobar que hemos profesado lealtad a errores redomados; podemos tal vez llegar a intuirlo, incluso con frecuencia constatamos que aquellos postulados a los que en otro tiempo nos adherimos nos han traído mayores males; pero como sabemos que nos resta poco tiempo de vida, preferimos 'sostenella y no enmendalla'; preferimos aferrarnos a nuestras ideas erróneas, haciendo como que no lo son, tratando a toda costa de mantener en pie el trampantojo. A veces, incluso, cada generación desarrolla una fórmula evolucionada de los errores en los que incurrió la generación anterior. Pues no hay método más eficaz para impedir que la gente repare en los errores que alimenta que proponerle formas más 'avanzadas' o 'progresadas' de los mismos.

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