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PATENTE DE CORSO

Aquella vida olvidada

Arturo Pérez-Reverte

Está postrada en la cama, tan guapa a los 96 años como siempre lo fue. Guapísima y también serena, pues la enfermedad que la consume ... despacio, que no es otra que la vejez natural que nos espera a todos si vivimos lo suficiente, es piadosa con ella. No sufre y está bien atendida: se la ve conmovedoramente flaquita y consumida, pero limpia, aseada, tan pulcra como de costumbre. Vestida con un elegante camisón, apoya en el almohadón de la cama la cabeza ya frágil, el cabello cano y corto, bien peinado, que siempre tuvo muy abundante y hermoso. Es la apacible imagen de una vida que se extingue despacio, mansamente, y que un amanecer cualquiera, cuando sus hijos acudan a verla, se habrá dormido para siempre, al fin, ojalá con la misma sonrisa dulce que ahora tiene en los labios.

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