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PATENTE DE CORSO

Regreso a Tánger

Arturo Pérez-Reverte

Escribir novelas tiene efectos secundarios. O puede tenerlos. En mi caso, durante cierto tiempo –suele ser de uno a dos años– vivo inmerso en un ... mundo complejo, ficticio, paralelo al real, hecho de libros que leo, de documentación diversa, de conversaciones con gente útil, de paseos con libreta de notas o cámara fotográfica por los lugares adecuados para utilizar como escenarios. Mientras la historia toma forma en mi cabeza y las páginas se amontonan despacio en el ordenador y en la mesa de trabajo –siempre imprimo, corrijo en papel con pluma estilográfica y vuelvo a teclear–, observo el mundo y mi propia vida en ese estado de continuo acecho, de tensión permanente de cazador con el zurrón dispuesto. Procuro mirar el mundo como lo hacen mis personajes. Nutrirlos con lo que me nutre. Y así, cuanto en ese tiempo hago, observo, imagino, alcanza a ser útil, o puede serlo, para la historia que tengo entre manos.

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