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PATENTE DE CORSO

El veterano bajo el puente

Arturo Pérez-Reverte

En Nueva York hace un frío que pela. Finales de diciembre. Estoy dentro de un coche, en un atasco, mirando por la ventanilla. Los automóviles ... avanzan muy despacio. Bajo un puente, junto a la calzada, hay un hombre y un perro. El perro está tumbado sobre unos cartones, mirando el lento tráfico con indiferencia. El hombre está de pie, inmóvil. Apoyada en un pilar del puente está su mochila, grande y sucia, de aspecto militar. Se trata de un mendigo. Relativamente joven. Lleva un gorro y mitones de lana, y sostiene un cartel ante el pecho: Veterano de guerra. Sin casa ni trabajo. De vez en cuando, desde algún coche, un conductor baja la ventanilla y le alarga unas monedas, que el hombre agradece con una leve inclinación de cabeza. Todo el tiempo se mantiene erguido, quieto, inexpresivo. No le falta dignidad, y eso encaja con lo escrito en el cartel. Hay, en efecto, un porte castrense en el individuo. Si es mentira lo de veterano, si se trata de una artimaña para conmover a la gente, la verdad es que lo hace bien. Estupendamente bien.

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