El bloc del cartero
Gaza
Refiere un lector el maltrato sufrido por un sobrino con trastorno del espectro autista a cargo de un hostelero incapaz de hacerse cargo de la dificultad que entraƱa la crianza de un niƱo como Ć©l. EmpatĆa. AsĆ hemos dado en llamar a la disposición a ponernos en el lugar de otros para no permanecer indiferentes al dolor que recae sobre cabeza ajena. Una disposición que no solo le falta a mĆ”s de uno, sino que quienes la tienen ejercitan de modo selectivo. Hay a quien le duele en el alma cada civil inocente de Gaza al que matan las bombas israelĆes pero experimenta ante el civil hebreo masacrado una frialdad que encubre con condenas rutinarias. Y viceversa. QuizĆ”, sugiere otro lector, el dolor es ya lo de menos. Lo primero es etiquetarlo desde la ideologĆa.
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titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Entre la pena y la nada
Asisto, como si estuviese flotando, al espectĆ”culo de ver que la sociedad cĆvica de mi ... paĆs se divide continuamente al analizar sucesos por todos conocidos. Hoy somos islamófobos o antisemitas, sanchistas o fascistas, no hay tĆ©rmino medio. ĀæNos estamos convirtiendo quizĆ” en monstruos o vegetales que ni sienten ni discurren? En ningĆŗn caso percibo, ni entre mis cercanos y amigos, un poco de crĆtica constructiva, y lo peor es que ante hechos espantosos como los que vivimos estos dĆas el que no piensa como tĆŗ siempre tiene a alguien o algo al lado a quien hacer responsable. Nos anulamos a nosotros mismos al renunciar al derecho a equivocarnos. Como decĆa William Faulkner, Ā«entre la pena y la nada, elijo la penaĀ». Parece que ahĆ es a donde nos conducimos sin reparo.
Enrique J. de Juan Peiro. Madrid
Hijos de un Dios menor
Sin duda, tras los salvajes atentados terroristas de HamÔs, Israel tiene derecho a defenderse; la cuestión es cuando esa defensa es desproporcionada y brutal, como estÔ sucediendo en la ofensiva contra Gaza, sin visos del fin de la tragedia, muy al contrario. El problema de los palestinos, a los que ocuparon su territorio en 1948, es que, por mÔs que imploran a AlÔ, Yahvé, al Dios de los cristianos y a la comunidad internacional, nadie los escucha porque son hijos de un Dios menor. Mientras no se sienten en una mesa los representantes de Israel y Palestina con la mediación internacional, el terror seguirÔ en Oriente Medio. ”A qué estamos esperando!
Francisco José Eguibar Padrón. Madrid
HuĆ©rfanos de empatĆa
Me siento ofendido, indignado y triste: a mi sobrino, niƱo, hermoso, sano, inteligente, inocente, con TEA grado III (trastorno del espectro autista); a sus padres y a su hermana no les dejaron entrar en un restaurante, exigiĆ©ndoles el pago de un menĆŗ, que no consumirĆan, porque sus padres llevaban su comida y cubiertos, como siempre que comen fuera de casa, dada su peculiar costumbre y necesidad alimentaria. Con la socorrida excusa del 'derecho de admisión', el encargado los conminó a salir si no pagaban el menĆŗ, sin respetar sus razones. Me indigna el trato vejatorio que reciben las personas diferentes en una sociedad que se las da de moderna e inclusiva. Me entristece por mi familia, por su sufrimiento, por no verse apoyada en su esfuerzo cotidiano de integración social, por el estigma que sufren los diferentes en un entorno huĆ©rfano de empatĆa y solidaridad. El consabido 'derecho de admisión' de los comercios podrĆ” ser legal, pero tambiĆ©n puede ser inmoral, ofensivo, discriminatorio e insensible. No podemos normalizar la discriminación, la falta de empatĆa, el desprecio al diferente o perderemos nuestra condición de humanos.
VĆctor Calvo Luna. Valencia
Limpiadoras
Mujeres anónimas. LucĆa. Ana. Pilar. Limpiadoras. Algunos las llaman 'las Kellys': neologismo acrónimo de 'las que limpian'. Cada dĆa encaran un trabajo silencioso y duro. Luchan, de la mejor manera que saben, en un mundo altamente competitivo e individualista. Un trabajo mal pagado. Invisible pero fundamental para el funcionamiento de bibliotecas, hospitales o colegios. La mayorĆa identifica la ausencia de PolicĆa o Guardia Civil con la anarquĆa y el caos. Imaginen sin limpiadoras. El caos se apoderarĆa rĆ”pidamente de salas de lectura, salas de espera o aulas. Si tiene ocasión y se cruza con una limpiadora, haga el esfuerzo y dĆgale que valora su esfuerzo y trabajo. Se lo agradecerĆ”. Merecen reconocimiento. Esta carta va dedicada a las limpiadoras. Mujeres anónimas.
Javier Guajardo-Fajardo Puente. Mairena del Aljarafe (Sevilla)
Por qué la he premiado⦠Porque nunca es tarde para volver la mirada hacia lo invisible que nos sostiene.