La palabra se desliza poco a poco hacia el desuso: como todas las que tienen algún valor ponderativo, los abusos al utilizarla la han arrojado, ... para muchos, al desván de los trastos viejos. Y, sin embargo, uno de nuestros grandes escritores del siglo XX,Ramón J. Sender, reivindicaba la hombría como la cualidad, no exclusiva de los varones, de ser genuino y de comprometerse de veras. Y la oponía a esa otra inclinación humana que nos vuelve personajes, o lo que es lo mismo, atendiendo a la etimología: seres con máscara. «Máscara yo no me he puesto jamás», remachaba el aragonés. Y cierto es que se echa de menos más hombría, así entendida, en un mundo lleno de enmascarados. Más autenticidad y menos simulacro, aunque evitar este, como apunta un lector, pueda llegar a confundirse con la sequedad.
Entre hombres, incluso entre padres e hijos, gobierna la economía de palabras. No derrochamos en 'te quiero' ni en abrazos. Los gestos de cariño, muchas veces, no están ni se los espera; nos basta con una palmada firme en la espalda. Un gesto áspero y ordinario, sí, pero suficiente para saber que el otro no se moverá de su sitio. Invertimos en silencios. No esos incómodos de ascensor, sino los que habitan en un coche durante un viaje largo; pausas donde no hace falta pedir perdón ni permiso. Porque hay silencios que llegan donde la voz no alcanza. En vísperas del Día del Padre, reivindico a esos hombres de la última fila, que pretenden que sus hijos sean mejores personas que ellos. Esos que no ensayan las sonrisas cuando triunfamos y que, en el abatimiento, no te abruman con discursos: se sientan a tu lado a ver las horas pasar. Muchas veces olvidamos que esta también es su primera vida. | Mateo Gimeno Laguens. Correo electrónico.
Parece que uno siempre debe abrazar su época y casarse con el futuro con una sonrisa. Nunca me pareció obvio. El mundo moderno, con sus caprichos, su culto a la fealdad, su gigantismo idiota, su obsesión por la velocidad y su capacidad de triturar culturas en la gran batidora planetaria, me aburre. El avance de la IA está causando cierta desesperación. Posee inmensas ventajas. Pero altera nuestras vidas a gran velocidad. Corre el riesgo de transfor-marnos en una enorme manada de idiotas en una gota digital. Le pedimos a la máquina que piense por nosotros, sin siquiera avergonzarnos de ello. ¿Cuántas personas tratan hoy a las IA como a un psicólogo o confesor? ¿No provocará angustia, colapso psicológico? ¿En qué momento nos dijimos que era normal interactuar con una IA, privarnos de verdaderos amigos, de verdaderos humanos? La IA nunca será un 'amigo'. Claro que a veces temo que así sea. Así que puedo convertirme en una manada de idiotas. | Miguel Perdigón Vara. Burgos.
Hace unos días, tras una reunión, una persona se me acerca y me dice: «Pero ¡qué amable es usted!». Sorprendido por la manera tan efusiva con la que me lo expresa, le contesto: «¡Qué pena!». Ella, más sorprendida, me comenta: «¿Le parece una pena ser amable?». Y, viendo su cara de decepción, le explico que no. Lo que me apena es que ser amable represente algo extraordinario, cuando debería ser lo habitual. Y me ha llevado a reflexionar sobre si realmente somos cada vez menos amables y a concluir que le damos muy poca importancia a serlo. Nos cuesta ceder el paso, el asiento, a quienes son más mayores, están limitados físicamente o tienen cualquier tipo de impedimento. Deberíamos ser conscientes de que ser amables no solo reconforta a los demás, también a nosotros: sí, nos damos cuenta de lo que nos agrada que otras personas nos demuestren su amabilidad. Por lo que animo a todos a que empecemos a practicarlo, en primer lugar, en nuestra propia persona. Y que, una vez adquirido tal hábito, lo compartamos con quienes convivimos o coincidimos a diario. Eso nos hará sentir una mayor complicidad, y satisfacción, con nosotros mismos. | José María Menchaca. Correo electrónico.
A los mercaderes de la muerte y a los arquitectos del horror: hablamos hoy no desde la diplomacia que calla, sino desde la decencia que grita. Elevamos nuestra voz contra ustedes, dirigentes que han perdido la condición de humanos para convertirse en engranajes de una maquinaria de exterminio. Ustedes, que sentados en despachos de mármol y protegidos por muros de soberbia, juegan a la guerra como si la vida fuera un algoritmo y la sangre, simple tinta roja sobre un mapa. Se envuelven en banderas y se esconden tras textos sagrados para justificar la masacre de hombres, mujeres y niños. No defienden a Dios; defienden sus cuentas corrientes. No protegen a su pueblo; protegen sus imperios de oro, petróleo y armamento. Para ustedes, la guerra es un videojuego de alta precisión; para nosotros, es el grito de una madre sobre un campo de ruinas. Mientras ustedes calculan «daños colaterales», nosotros vemos rostros, sueños truncados y vidas que ninguna de sus monedas podrá jamás recomprar. Son asesinos dementes porque solo un loco puede creer que se construye un futuro sobre una fosa común. Su ambición es un pozo sin fondo que se alimenta de la carne de los humildes. No somos piezas de ajedrez en su tablero de codicia. Somos la humanidad que siente, que sufre y que recuerda. Como dijo Saramago, la ceguera blanca de la indiferencia se está terminando. Estamos empezando a ver sus verdaderas intenciones tras sus discursos de odio. Nuestra paz no es la rendición del débil, sino la rebelión del justo. | Arturo Fernandez Escalada.Cantabria
Desde 1776, EE.UU. ha intervenido en casi 400 operaciones militares fuera de sus fronteras. Mas de 200.000 soldados estadounidenses están activos en unas 750 bases que tienen los americanos en cerca de 80 países. El Pentágono evita compartir datos por lo que la cifra se intuye que pudiera ser mayor. Es una nación preparada desde su relativamente reciente creación para provocar guerras. De hecho, su Historia está estrechamente ligada a la expansión a través de la invasión. Su idiosincrasia imperialista y belicista forma parte esencial de su seña de identidad. Siempre va a tener una motivación «sentimental» para intervenir, atacar un país extranjero. Hace décadas era la lucha contra el comunismo. Ahora es la guerra contra el terrorismo y las armas nucleares, la liberación de poblaciones de gobiernos opresores. Lo cierto es que lo que subyace es el control de las riquezas y de los recursos. Trump además ya nos dijo que lo único que le puede detener es su propia moralidad. Con las amistades que tiene esta declaración es preocupante. Su estilo de gobierno lo define: la «ego-política», caracterizada por la centralización de las decisiones en la figura presidencial, el uso de la confrontación como estrategia, la humillación como recurso de comunicación, la intimidación, el discurso populista. La toma de decisiones la basa en intereses propios. Sus actuaciones erosionan la democracia e impactan gravemente en el orden internacional. El enfoque institucional lo sustituye por el personal, por un liderazgo histriónico-narcisista. Trump no desea aliados, sino lacayos. No pretende ser respetado, sino temido. Los gobiernos europeos, de hecho, temen enfadarlo por si lo pudieran necesitar. La negativa de Sánchez a someterse a los designios de un gobernante que, al servicio de Netanyahu, se entretiene jugando a la guerra es una apuesta respetuosa, arriesgada, valiente y muy digna. Ojala que en este momento tan complicado otro presidente que hubiera estado al frente del gobierno, sin importar las siglas, hubiera sido capaz de decir no a Trump. No a la guerra. | Miren Bilbao Notario. Getxo (Bizkaia)
¿Por qué la he elegido…? Porque cada vez vamos a necesitar más aquello donde aún subsiste nuestra humanidad..
Siendo un hombre fuerte, me tocó conocer la dependencia durante unos días. Con la claridad que da tener tiempo y mirar desde abajo, aprecié el trabajo de estas personas que se mueven entre el sufrimiento. En las noches largas se agradecía el rumor de conversaciones juveniles y risas. Las bromas, muchas veces ácidas, eran frecuentes entre el personal. Estas personas parecían saber que recibir un poco de crema refrescante, tras horas de inmovilidad, o un afeitado el domingo (una experiencia divertida) pueden ser importantes. Siempre más la humanidad implícita que el acto en sí. Parece que no era aún mi momento. Pero tras convivir un poco con estas personas me queda la impresión de que tal vez las cosas no están del todo mal.
José Ramón Pérez.Vitoria
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Articulista de Opinión
Lorenzo Silva es escritor y columnista español conocido especialmente por sus novelas policíacas protagonziadas por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Ganador del Premio Nadal y del Premio Planeta
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