Volver

Mi hermosa lavandería

De madera tan torcida

Isabel Coixet

Immanuel Kant, el legendariamente severo y contenido filósofo alemán que intentó reorganizar los asuntos humanos según pacientes y elevados principios de razón y lógica, se permitió –hacia el final de su vida– un raro momento de exasperación con nuestra especie: «De madera tan torcida como aquella de la que está hecho el hombre, nada completamente recto puede ser tallado».

Empiezo por aquí porque llevo mucho intentando escribir sobre Irán y cada vez que me siento frente al ordenador me levanto a hacer otra cosa: ordenar papeles, regar las plantas que ya regué ayer, mirar por la ventana a una paloma que me mira a mí con la misma perplejidad con la que yo miro las noticias. Me levanto porque no sé desde dónde hablar. Sospecho que estamos muchos así, paralizados ante una pantalla en la que se suceden la muerte y el sufrimiento en Gaza, Ucrania, Sudán, Yemen, el Congo, Haití, Teherán, Isfahán, Tabriz.

La verdad torcida y kantiana es que las dos cosas son atrocidades simultáneas e independientes, y no se cancelan una a otra ni se compensan en ninguna balanza cósmica

Los tiempos en que vivimos nos asfixian con conflictos simultáneos sobre los que incluso posicionarse se ha vuelto un ejercicio de contorsionismo moral. Porque Irán –pongamos Irán como ejemplo, aunque podría ser cualquier otro– es un régimen teocrático que encarcela, tortura, ahorca y ciega a sus propias mujeres por llevar mal puesto un pañuelo; que ejecuta a homosexuales desde grúas municipales como quien cuelga la ropa; que ha convertido a toda una generación de jóvenes brillantes, cultos, conectados en rehenes de unos ayatolás que gobiernan un país del siglo XXI con la mentalidad de un pastor mesopotámico del año 600. Hasta aquí, fácil. Hasta aquí, todos de acuerdo.

Pero entonces llegan los bombarderos de Estados Unidos e Israel y uno esperaría –siendo ingenuo, siendo Kant antes de su momento de exasperación– que bombardearan los cuarteles de la policía de la moral; que liberaran Evin, la prisión donde se pudren las poetas y las estudiantes, y liberaran también a Narges Mohammadi y a Toomaj Salehi y a todas las Mahsa Amini que todavía están vivas y no sabemos sus nombres. Pero no. Bombardean instalaciones nucleares, infraestructuras, barrios residenciales donde viven las mismas familias que odian al régimen tanto o más que nosotros desde nuestros sofás de IKEA. Bombardean, en definitiva, a las víctimas para proteger sus propios intereses geoestratégicos, energéticos, electorales, vanidosos. Y lo llaman 'liberación', como llamaron 'liberación' a Irak, a Afganistán, a Libia, y aquí estamos todos, viendo el resultado y mordiéndonos inútilmente los puños.

Entonces te quedas sin lugar. Porque si dices que los bombardeos son una atrocidad, te acusan de defender al régimen de los ayatolás. Y si dices que el régimen de los ayatolás es una atrocidad, te acusan de justificar los bombardeos. Y la verdad, la verdad torcida y kantiana, es que las dos cosas son atrocidades simultáneas e independientes, que no se cancelan la una a la otra, que no se compensan en ninguna balanza cósmica. Las mujeres iraníes están siendo aplastadas por dos lados a la vez, como en esas prensas hidráulicas de los vídeos de TikTok que reducen una lata de Coca-Cola al grosor de una hostia consagrada.

De la madera torcida de la que estamos hechos los humanos –decía Kant, que nunca salió de Königsberg, pero intuyó el siglo XXI con una precisión que da miedo– no se puede tallar nada completamente recto. Ni una política exterior ni una revolución ni un titular de periódico ni este artículo que estoy escribiendo y que tampoco salva a nadie. Sólo queda el gesto mínimo, casi ridículo, de nombrar las cosas: esto es una dictadura, esto es un bombardeo, esto es una hipocresía, y aquella mujer o aquel hombre cuyos nombres no sabremos nunca y que esta noche no volverán a casa merecían un mundo menos torcido y retorcido que este.

Noticias relacionadas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

De madera tan torcida

[]

De madera tan torcida